Decenas de personas protestaron ayer a ritmo de tango por el cierre progresivo de las milongas, los espacios en los que los porteños practican el popular baile argentino.
En el acto, que tuvo lugar a pocos metros del emblemático Obelisco, la Asociación de Organizadores de Milongas (AOM) denunció que las cargas impositivas y la "incumplible" normativa está obligando a las milongas a funcionar cada vez más de manera clandestina.
"La milonga de por sí no es una actividad que genere grandes beneficios económicos", afirmó a Efe Dolores Jiménez, del colectivo El tango no se clausura, y explicó que, a pesar de que el año pasado se promulgó una ley para el fomento de estas salas, esta "nunca se reglamentó, así que los fondos no fueron distribuidos, nadie se hace rico con el tango", dijo.
