El glaciar Chacaltaya, una de las víctimas visibles del calentamiento global emplazado en el complejo de montañas que rodean La Paz, sede del gobierno de Bolivia, a poco más de 5.400 metros de altura sobre el nivel del mar y hasta hace 20 años pista de esquí imperdible, daba muestras estos días de invierno andino, de renacer de sus cenizas y no estar tan muerto como se dijo.
El montañista Marco Estevez se mandó el fin de semana un periplo en bicicleta hasta su cima y se dio con que muchos visitantes intentaban esquiar por un manto de nieve impoluta que cubre lo que en diciembre pasado fue definido como un conjunto de rocas enmohecidas que no tenían traza de su gloria pasada: la pista de esquí más alta del mundo.
Estevez pedaleó montaña arriba durante más de 4,5 horas hasta darse con una pirámide de cristal que significa el Observatorio Astrofísico de la fiscal Universidad Mayor de San Andrés, enclavada a metros de la cochambrosa cabaña de los esquiadores que tanta gloria le dio a esa montaña a tres horas de coche o 30 km de La Paz.
