Enrique Gutiérrez participaba en la marcha del Comité Cívico Potosinista (Comcipo) que se fijó como destino la ciudad de La Paz. Él fue quien llevó consigo y de regreso al célebre Petardo hasta la ciudad de Potosí, pero grande fue su sorpresa cuando vio que antes de su arribo ya había otro Petardo en la Villa Imperial.
"¿Dos Petardos?, ¿por qué no?", responde. Uno fue el leal canino que acompañó la marcha desde El Alto hasta el Coliseo de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), que estaba al frente en las marchas y que se salvó de morir por una dinamita que había agarrado en su hocico cuando estaba encendida. El otro es el fiel amigo que prefería quedarse en la UMSA acompañando a los marchistas y sobre todo, compartiendo los restos de las ollas comunes.
A pocos días de que la marcha ya partiera hacia Potosí uno de los perros había ido al spa, el otro se había perdido por la ciudad, puesto que no regresaba a la UMSA. Gutiérrez, con otros universitarios, lo buscaron por las calles, nerviosos de que no vuelva a tiempo para formar la comitiva. Finalmente volvió y se lo llevaron a Potosí.
La gente los recibió como héroes, eran los más esperados, las familias se sacaban fotos con ellos, los acariciaban y les daban comida.
Ahora los dos perros son "compadres", dice Gutiérrez y cuenta que los universitarios se reunieron en una asamblea para definir quién se iba a quedar con los petardos y uno de los afortunados fue él.
El otro canino está en la casa de un abogado que también lo cuida y lo lleva de vez en cuando a la universidad. Ambos obtuvieron un hogar y el amor de todo un departamento. No hay verdadero ni falso, son dos.
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