Hay una pregunta incómoda que casi nadie se hace: ¿cuánto vale realmente tu nacionalidad? ¿Vale lo mismo cuando buscas trabajo, cuando eliges a quién admirar, cuando decides quién puede ocupar un cargo público o cuando alguien cuida de tus padres? La respuesta cambia según la conveniencia. Y cuando eso ocurre, el patriotismo deja de ser un principio para convertirse en un pretexto.
Tu nacionalidad no importa cuando el hambre aprieta. Por eso decides que ir a luchar por Rusia es una buena idea si la paga es buena. No necesitas jurar lealtad a una bandera extraña, de la que probablemente nunca habías oído hablar.
Al menos 16 ciudadanos bolivianos han sido reclutados y enviados a la zona de conflicto en Rusia tras ser captados con falsas promesas de empleo. Las autoridades bolivianas han intervenido y el caso está siendo investigado como trata de personas, mientras los familiares claman por el rescate o la repatriación de los afectados.
La situación se ha desarrollado a través de una serie de hechos. Redes de reclutadores captan a jóvenes en áreas rurales de Bolivia, como la comunidad cruceña de Loma Alta, mediante redes sociales. Les ofrecen trabajos bien remunerados, con salarios de hasta 16.000 dólares, en seguridad o construcción.
Al llegar a territorio ruso, les retienen los documentos y pasaportes, y terminan recibiendo entrenamiento militar para ser enviados a la línea de fuego. Las familias han reportado el fallecimiento de al menos dos jóvenes bolivianos y han aparecido videos grabados desde el frente de batalla en los que algunos heridos piden auxilio.
Pero, al parecer, tu nacionalidad sí importa cuando tratas de ejercer un cargo en un lugar distinto al que naciste. Ahí está el caso de Zvonko Matkovic, objetado por una bancada parlamentaria para ejercer como presidente de ENDE Valle Hermoso porque "no es cochala, es camba", y porque, según ese criterio, un cochala debería ocupar ese puesto estratégico para velar por los intereses de la región.
No eres Messi Lover, pero resulta que prefieres apoyar a la selección argentina antes que a cualquier otra porque "así el trofeo se queda en la región". Le rezas a San Maradona y ni las oraciones ni las cábalas sirven para que el trofeo se quede en Latinoamérica.
Pero prefieres seguir siendo el chauvinista de siempre, defendiendo tu comida, tu baile, tu tradición, tu virgencita y tus cositas.
Ah, pero cuando se trata de personas de otras nacionalidades que realizan trabajos que tú no quieres hacer, como las monjitas que cuidan a los ancianos desamparados del Asilo San José, todas ellas peruanas, no dices ni mú. Tampoco exiges que sean bolivianas las que atiendan a los abuelitos bolivianos.
Mirá qué hipócrita eres.
Y no te das cuenta de que, en realidad, eres ciudadano del mundo, del único mundo que alberga vida humana. ¿De qué te sirven las fronteras, las banderas y las tradiciones si no buscas cuidar los sistemas que sostienen esa hermosa y preciosa vida?
Más útil sería dedicar tus esfuerzos a preservar los árboles de las calles y de los parques o, ya que no puedes hacer mucho más, aportar para que los bomberos forestales tengan con qué combatir los incendios provocados por malnacidos que persiguen fines perversos.
Si necesitas aferrarte a algo, que sea a la preservación de las abejas, los mosquitos, los pájaros y las vertientes de agua, y no a un símbolo que te pone la piel de gallina cuando lo ves pasar por una calle de cualquier parte del mundo, mientras se te hincha el pecho y proclamas el "orgullo boliviano".
Saca pecho porque tienes el parque natural más diverso del mundo y haces muchas cosas para protegerlo. Saca pecho porque existen cumbres altísimas en el Tíbet. Saca pecho porque hay cascadas impresionantes en la Argentina y en Estados Unidos. Siente orgullo por la Amazonía y también por las estepas siberianas.
El día que entiendas que compartes más con un niño de Siberia, un bombero del Amazonas o un campesino africano que con un político que agita tu bandera para dividirte, habrás descubierto que tu verdadera patria nunca fue un pedazo de tierra.
Siempre fue este planeta.
