Es impresionante constatar que hay personajes, aun hayan leído o deletreado cientos de libros, no conocen Bolivia. Toranzo es uno de ellos. Cierto que su amor al MNR del 52 es patológico. A ese rotundo fracaso histórico, que de esos errores el país sigue pagando caro, con sangre, con amargura. Pero Toranzo, ciego y casi torpe cree que todavía el país tiene en sus venas sangre movimientista nacionalista.
Me refiero al artículo de Carlos Toranzo Roca, del libro La Revolución Nacional de 1952, publicado gracias al municipio paceño, como aporte al Bicentenario. Artículo entre varios, que alegoriza a esa gesta que fue la revolución de 1952.
El artículo es un ch´enco de datos, que intenta al final ser un resumen tradicional de lo que sabe un bachiller de cualquier colegio de secundaria; pero sin añadir ni un ápice de nuevos datos, nuevas investigaciones o al menos nuevas especulaciones, a la luz de las corrientes actuales de la intelectualidad. Cosas ya conocidas y repetidas hasta el cansancio en todas las horas cívicas, aburridas y antipedagógicas.
En estos tiempos convulsos y con pocas ideas, es cierto que es mucho pedir crítica intelectual a lo que se publica. Pues las entregas de libros siguen siendo ritos dogmáticos, de alabanzas a quiénes publican cosas repetitivas; y no realmente actos de crítica, de lecturas en serio de nuestro pasado, de nuevos aportes. En fin.
Pero vayamos precisamente a algunas cosas, de las que repite Toranzo tradicionalmente, haciéndonos perder el tiempo cuando buscamos alguna idea nueva, o algún aporte interesante para la historia del país.
Para Toranzo todo es lo nacional popular. Pero no explica que es ese concepto. Asume que el país es mestizo de por sí, que con huayños populares el país ya es de por sí, por arte de magia, mestizo. Semejante afirmación realmente deja mucho que desear. Se han realizado varias investigaciones al respecto. También las reflexiones teóricas del padre Xavier Albó, o las reflexiones de Javier Medina entre varios, pues el señor Toranzo prefiere ser folklórico como los huayños del 52.
Repite que la guerra del Chaco fue el inicio del sentimiento nacionalista, el germen del 52. Ese mito es verdad que no ha sido desmontado todavía. Es parte de la tradicionalidad de los escribanos del 52. Que no explican nada de los acontecimientos reales, de los sucesos de los sindicatos mineros, o de lo que realmente paso en el área rural que nada tiene que ver con las visiones de los escribanos del 52, porque el mundo indígena estuvo totalmente al margen de esos mitos construidos, desde los escritorios del MNR.
Los conceptos de patria y antipatria, son slogans políticos poco profundos; aunque decisivos en los acontecimientos del 52, sobre todo repetidos por las clases medias advenedizas a esa revolución, despistadas y sin personalidad. Temerosas del comunismo o marxismo, que se aproximaban a esos conceptos fácilmente; y en realidad no sabían de sus contenidos.
Afirma también increíblemente que la Tesis de Pulacayo, fue hecho carne por la COB del 52 y los sindicatos que se estaban adscritos a la COB. Lo cuál no es cierto históricamente. La Tesis de Pulacayo siempre fue de un partido político, como el POR, cierto con una trayectoria importante en el sindicalismo minero; pero que jamás pudo convencer a la generalidad de los sindicatos, porque la línea más bien era poli partidista, de centralidad democrática con todas las tendencias posibles interiormente.
Toranzo no tiene ideal alguna de lo que es indigenismo. Sus generalidades básicas, le hacen perder el horizonte de lo que desea reflexionar. Sus afirmaciones de charla de café, simplemente son eso: charla de café. Y pienso que sería demasiado exigir sobre el concepto de indianismo. Ni siquiera se aproxima al fenómeno del indigenismo. En fin.
Cree que el MAS (Movimiento al Socialismo) ha sido indigenista. Semejante ocurrencia escolar, pues me deja aturdido siendo parte de un libro importante. El MAS fue un partido o movimiento de izquierda, absolutamente. Todos sus documentos y acciones de Estado nos detallan categóricamente en esa línea. Si algo de indigenismo, de manera cosmética, tuvo fue con la invasión de ponchos, ojotas, sombreros y olor a coca en la burocracia del Estado. Eso que se llamó inclusión social; en realidad sólo era burocrática.
Por otro lado, el concepto de liberalismo es confuso. Considerando que en nuestra historia no hemos tenido realmente liberalismo, sino de moda y copia externa; pero no de costumbres, de acciones y filosofía de clase. Afirmo que las clases altas y sobre todo medias altas nunca han sido liberales, sino totalitarias como costumbres y cultura en general.
El tema del Estado seguirá siendo central, después del fracaso del MAS de manera estrepitosa, considero que no estamos atendiendo como bolivianos de manera correcta. Es verdad que las enfermedades como el patrimonialismo, o el corporativismo, son recurrentes con la izquierda y la derecha. El Estado no tiene nada que ver con las visiones sectarias de un solo frente, sino como consensos sociales. Seguimos nomás en visiones de historias paralelas, que no estamos encontrándonos entre distintas historias, precisamente para construir algún tipo de Estado más homogéneo, es decir democrático y que incluya a todos en cierta igualdad.
Asumo y reconozco que también mis afirmaciones son superficiales. De lecturas mías que todavía requieren investigaciones y averiguaciones más científicas. Pero alerto de repeticiones constantes, como este artículo, pues no ganamos nada sino la inercia de la costumbre anti crítica.
Termino diciendo que Evo Morales: cuartel, escuelita y sindicato, en alguna medida es heredero de ese movimientismo del 52. Le gustan los militares y obligó a los hombres a tener la libreta militar para trabajar, es apenas bachiller y por supuesto un buen sindicalista. Herencia del movimientismo del 52.
