La locura mundial en medio de amenazas civilizadas con bombas atómicas, armas de destrucción masiva y expulsión de inmigrantes por todas partes, nos revela con toda claridad que los humanos no aprendemos de las lecciones de la historia. El pasado sólo es nostalgia y recuerdo simple; pero no aprendizajes para mejorar la calidad espiritual del ser humano. Los parecidos de los acontecimientos actuales, con aquellos antes de la segunda guerra mundial son increíbles. Hitler estaría feliz, pues tiene a sus mejores alumnos para coyunturas actuales, incluso un judío que su odio ya supera al maestro de Hitler.
Es absolutamente claro que la civilización occidental está en decadencia. Eso es moral y ético. Es decir, la pérdida total de sus valores que intentó que sean universales, al final ni siquiera lo asumieron ellos mismos sino como discurso y diplomacia de exportación. En definitiva, ya no son ejemplos en nada. Se quedan como civilización del recuerdo, de museo de buenas intenciones para lecciones de epistemología de la muerte.
Las civilizaciones más antiguas y milenarias, como la China o la iraní, demuestran que pesan más en su sabiduría y paciencia precisamente milenaria. Con todas sus tragedias y errores, estas civilizaciones sobre salen frente al mecanicismo y cientificismo occidental. La barbarie milenaria y periférica, muestra mayor humanidad cuando lo cavernario occidental sólo sabe de destrucción civilizada y culta: bombas atómicas.
Son tiempos extraños. Cuanto mayores son los adelantos científicos y tecnológicos, mayores son los peligros de la humanidad. La promesa de desarrollo y progreso no cuadra. Las mentalidades cavernarias de la guerra y la brutalidad, son los que han quedado plasmadas en occidente. Y su economía de acumulación al infinito es lo más destructivo, lo más nocivo y contagioso como el peor virus que corroe las mentes de todas las generaciones: individualismo enfermizo y capitalismo destructivo.
Así, pues, la destrucción de la naturaleza, del medio ambiente, del espíritu humano comunitario, de la solidaridad, está garantizada, si es que no reaccionamos en contra de esta mentalidad cavernaria y científicamente sangrienta. Sólo la reacción de la humanidad total, de todas las culturas y sabidurías milenarias, puede de alguna manera frenar el derroche de la civilización occidental. Es decir, del fracaso de la civilización occidental.
Son tiempos de brutalidad política. Los más ignorantes políticos son los más votados democráticamente. Paradojas de tiempos realmente confusos, oscuros y sangrientos. Tiempos también de reflexión. Porque la historia no sirve de nada, no tiene los insumos para que los humanos aprendan de sus lecciones. Quizás sus postulados no sean suficientemente científicos, o didácticos, en función de reportar enseñanzas para no repetir los errores de la historia. Errores que se cobran con sangre y sufrimiento humano por todo el mundo.
El mundo está en peligro. El circo romano de la política imperial, se ha puesto de moda. Las redes sociales difuminan como virus el odio, la ignorancia colectiva y el griterío de clínica de locos, ante la muerte de seres humanos. Se ha perdido la básica reflexión y sentido común. El fracaso de los sistemas de educación, es patente. Ya nadie lee libros. Sólo obedece a las redes sociales, como iglesias totalitarias para actuar en consecuencia. A mayor información, mayor ignorancia y analfabetismo funcional.
Quizás sea hora de volver a las trincheras de las utopías, que nos exigían sacrificios por hacer y construir mejores consciencias humanas, desde la solidaridad y la crítica de todo lo científico y tecnológico. Porque sus resultados no son precisamente aquellos deseados: la mejora de la calidad humana, de la calidad espiritual individual y comunitaria.
Las llamadas revoluciones han fracasado, es tiempo de evaluar el porqué de esos fracasos, son parte del escenario del circo romano de occidente. Sobre esos fracasos han tomado la posta quiénes hoy son los nuevos líderes, democráticamente elegidos, para esparcir el odio a los enemigos ideológicos y políticos. No importan los muertos y desplazados, son sacrificios correctos en nombre de la civilización.
Pues sí, la historia es un enorme matadero humano. Donde no hay todavía la pequeña luz de esperanza, para hacer de este mundo un lugar mejor. Ese es el grado humano de estas épocas oscuras: sangrientas y políticamente cavernarias. Donde la ideología de la ignorancia es el precio a pagar.
El deterioro de la vida es terrible por todo el mundo. Los jóvenes están pagando un precio demasiado alto; pero son inconscientes de eso, sino tendríamos revoluciones por todo el mundo. Inconscientes detrás de los delincuentes elegidos democráticamente, encargados del circo romano. Imitando ciegamente a los nuevos Hitleres democráticos.
Ese deterioro de las condiciones humanas y materiales, responde precisamente al desvío de fondos económicos a las guerras y genocidios actuales. Los nuevos brujos de la política imperial, prefieren gastar en bombas inteligentes, submarinos nucleares y todo tipo de armas inteligentes, como deleite sangriento y cruel, que invertir en salud, educación, trabajo y vivienda.
Ese es el grado inhumano actual. Esas son las paradojas modernas y tecnológicamente brillantes: más hambre y miseria humana. Más destrucción de la naturaleza y el medio ambiente. Ciertamente el mundo está en peligro.
