Referirse a toda la historiografía boliviana es demasiado riesgo, y una aventura por demás compleja. Sin embargo, quisiera correr riesgos al referirme a la historiografía boliviana desde la apertura democrática en 1982. Aun así, confieso que es riesgoso, pues por supuesto que se ha escrito mucho, en medio de historiadores e historiadoras con mucho talento que han hecho aportes imprescindibles para las reflexiones sobre nuestro país.
Pero, insisto, me arriesgaré a cierto ensayo desde la crítica. Aspecto que no es precisamente un ejercicio y costumbre entre los historiadores de Bolivia. Si nos comparamos por ejemplo con el Perú, donde la crítica historiográfica ha sido la constante entre historiadores. Sabiendo que en el Perú las condiciones materiales e institucionales han sido ideales, para el desarrollo de la historiografía. Allá, los aportes desde el marxismo o desde otras corrientes como escuelas se han creado, han sido fructíferos y mundialmente famosos, es decir de exportación de ideas e historiadores peruanos. Varios historiadores peruanos son mundialmente famosos. No ha sido nuestro caso.
Materialmente siempre hemos estado abandonados de todo. Los de mi generación, quiénes estudiamos en los años 80 y nos graduamos con las tesis en los 90, transcurrimos en medio de la crisis generalizada de los años 80. Décadas perdidas, y de muchos esfuerzos para todos los profesionales del país. En el caso de la historia boliviana, sin perspectivas algunas porque no se crearon ni institutos de investigación, ni espacios de desarrollo e investigación con posibilidades de becas y postgrados.
La historiografía boliviana siempre estuvo marcada de ese tufo elitista colonial, o republicano. Unos cuantos grupos dueños de los espacios más importantes, como la carrera de historia de la UMSA. Por lo que se explica la ausencia total de otros espacios de investigación. Historias cupulares, clasistas, de envidias pueblerinas, de mezquinas competencias pequeñas, que jamás miraron el bosque para intentar crear algo más grande o desafiante.
Como resultado total, nunca tuvimos escuelas de pensamiento historiográfico, o tendencias intelectuales que hayan marcado investigaciones importantes para la historia de Bolivia. Por tanto, no tuvimos historiadores marxistas, liberales, postmodernos, etc, que hayan sido realmente representantes y lumbreras para el desarrollo de la historiografía. Los esfuerzos de aymaras y quechuas historiadores, también se hicieron al margen de la tradicionalidad, como emergencia ante la ausencia de espacios para dichos historiadores; aunque sí fueron referencias alternativas a las cupulares.
En definitiva, el desarrollo de la historiografía en la era democrática deja mucho que desear desde la perspectiva crítica. Amén de aportes muy individuales, muy aislados y cuasi egoístas en sentido de escuela o creación de tendencias.
Pues en un país como Bolivia, con escasos o nulos espacios para la creación de ideas, para la investigación, se requieren instituciones con apoyo internacional para la sostenibilidad. Sólo así es posible algún avance y creación de ideas en la historia. Sin esas condiciones materiales, es imposible exigir algún avance en las investigaciones, es imposible reclutar a los talentos en la investigación, a los creadores de ideas en la historiografía.
Nuestros pocos espacios para la historia, además están plagados de politiquería donde pensar o investigar también es imposible por la mediocridad de la política real. Espacios que son muy pequeños, escondidos en los rincones del Estado siempre cambiante y desordenado. Sin sostenibilidad ni siquiera a mediano plazo. Donde para los pocos espacios la competencia de los historiadores es atroz y triste.
Pero, con todas esas contradicciones de la realidad; con las ausencias materiales e institucionales típicamente bolivianas, se han desarrollado investigaciones importantes. En varios textos donde los Estados del Arte, muestran positivamente esas investigaciones.
Es decir, esfuerzos enormes confrontando las duras realidades de la sobrevivencia de los historiadores en Bolivia. Enormes esfuerzos donde lo material de algunas familias, tienen ventajas comparativas; sin influencias mayores ni mucho menos en la marcha de la historiografía nacional.
Pero, pues, la historia en Bolivia realmente no sirve para nada en el quehacer de la política y en ningún quehacer. Aunque adornan bibliotecas, alimentan ideas de las tertulias en algunos espacios; realmente no es una actividad transcendental e incisiva en la sociedad boliviana. Es decir, no influye en absolutamente nada del acontecer boliviano. Sin embargo; tiene su importancia en el sentido de lo cultural y de los conocimientos generales para la sociedad.
Desde la posición crítica de la historiografía, no tenemos debates trascendentales ni mucho menos, o posiciones de historiadores en favor por ejemplo del proceso de cambio. O del liberalismo actual, en el retorno de las ideas ultra conservadoras. No sabemos a ciencia cierta, que piensan los historiadores de los acontecimientos actuales en Bolivia; peor de los acontecimientos del mundo.
La ausencia de escuelas de pensamiento en la historia; la ausencia de debates, o de posiciones historiográficas, denota una terrible debilidad en la formación de los estudiantes. Que después se desempeñarán de historiadores. Debilidad en el manejo metodológico, teórico y de las lecturas actuales de la historiografía mundial. Asunto que se arrastra por los siglos de los siglos. Varios serán absorbidos por la burocracia, que es la enfermedad más terrible para matar las ideas y la creación intelectual.
La inercia, el azar, el destino de la pobreza y la sobrevivencia son los elementos más sobresalientes en la historia de la historiografía boliviana. Felizmente la archivística, de alguna manera ha colaborado como fuente laboral para resolver en algo la ausencia de políticas de Estado, en el campo laboral historiográfico.
La democracia que se inició en 1982, siendo una enorme esperanza para el país, ha decepcionado al conjunto del país. Y la historiografía no ha sido precisamente una luz que alumbre el destino de Bolivia.
