¿Cómo aprendimos a convivir, a tolerar e ignorar los hechos de violencia?, esta es la interrogante que deberíamos plantearnos todos quienes buscamos una vida libre de violencia, porque en la actualidad muchos de los bolivianos aparentemente estamos perdiendo la capacidad de asombro ante los hechos de violencia que se tornan imperceptibles, no por su gravedad, sino por la tolerancia que mostramos.
Los índices de violencia que se registran en el país son alarmantes, porque existen varios informes que advierten que Bolivia se encuentra catalogado como el primer país que registra los mayores índices de violencia hacia la mujer (Estudio de la ONU) cuyos datos son corroborados por la propias autoridades bolivianas quienes durante la novena Cumbre de Seguridad Ciudadana señalaron que la violencia contra las mujeres en Bolivia está por encima del promedio latinoamericano, ocupando el primer lugar en Sudamérica en feminicidios.
Asimismo, en marzo de esta gestión las propias autoridades de Estado aseguraron que el 40% de los hechos de violencia y criminalidad que se presentan cada año se refieren a delitos de violencia intrafamiliar o doméstica.
Los hechos de violencia crecen constantemente en el país sin discriminar. Al principio decía que de a poco vamos perdiendo la capacidad de asombro al conocer hechos violentos porque, en nuestro contexto del hoy electoral, la violencia verbal pasa desapercibida cuando los candidatos bajo el pretexto de un debate inician una confrontación verbal que llega a los insultos muy bien disfrazados mostrando una clara falta de respeto y un vacío en los temas de fondo. Asimismo, se puede advertir que la violencia va ganando espacio en algunos encuentros deportivos, o sea cuando observamos a un grupo de deportistas propinándose agresiones físicas cuando los niños se encuentran presentes o lo ven por la televisión.
La cultura de la violencia goza de buena salud porque basta poner como ejemplo lo ocurrido este pasado lunes 30 de septiembre en la ciudad de Potosí, donde un sujeto fue lapidado cruelmente por sus enemigos producto de una riña por tierras. Este extremo inhumano y violento, más allá del propio hecho, refleja la fácil asimilación de los hechos violentos, porque con toda seguridad el video que refleja el hecho salvaje es reproducido constantemente. Lo peligroso se encuentra en cada reproducción, porque lleva un mensaje subyacente nada educativo ni reflexivo para los niños y adolescentes que corren el riesgo de asimilar la violencia y familiarizarla dependiendo a su contexto familiar.
¿Cómo podemos evitar la violencia? Con la educación, porque es el único medio efectivo, aunque sea lento el proceso.
La buena salud de la violencia
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