Hace 204 años, el 27 de mayo de 1812, tres años después de que en Chuquisaca se diera inicio al proceso de emancipación hispanoamericana, en Cochabamba se marcó otro hito en el camino que conduciría, 15 años después, a la constitución de la República de Bolivia.
Este aniversario, como el que se recordó hace un par de días, es una ocasión oportuna para que los bolivianos recurramos a nuestra memoria histórica para buscar en ella la orientación necesaria para comprender mejor nuestro pasado, pues al hacerlo podremos también entender con más claridad nuestro presente y sólo en la medida en que así lo hagamos podremos afrontar el futuro con mayores posibilidades de éxito, evitando reincidir en los errores y tratando de multiplicar los aciertos.
Ahora, al conmemorar los 207 años de los hechos que sentaron las bases de la patria por la que lucharon los hombres y mujeres que nos antecedieron, y los 204 de la gesta heroica de La Coronilla, no podemos dejar de valorar el hecho de que los indígenas, mestizos, criollos, artesanos e intelectuales, hombres y mujeres que nos antecedieron, fueron en momentos cruciales capaces de subordinar sus diferencias para unirse por encima de ellas alrededor de una misma causa. Fue esa actitud la que hizo posibles los episodios más memorables de nuestra historia y fue, por el contrario, la ausencia de esa voluntad colectiva la que más de una vez ocasionó los capítulos más deplorables de nuestra historia.
El balance de esa ya larga historia de encuentros y desencuentros es felizmente positivo pues no se puede dejar de reconocer que hay notables mejoras a pesar de las muchas deficiencias y las tareas aún pendientes para alcanzar el bienestar que tanto anhelamos.
El hecho de que durante los últimos 204 años las heroínas de La Coronilla no hayan sido las únicas que se destacaron en la historia nacional, sino que tras ellas haya habido muchas mujeres que lo hicieron en campos tan diversos como el arte, las ciencias, el deporte o la política, es una muestra de la honda huella que en la memoria y en la identidad colectiva dejaron los acontecimientos del 27 de mayo.
Lamentablemente, el valor histórico de esta fecha, como de otras similares de nuestro calendario cívico, está sometido a fuertes presiones mercantiles y de otro tipo que tienden a banalizar su significado para reducirlo a las conveniencias de la vorágine consumista. Es penosa, por ejemplo, la tendencia a diluir la relación entre el 27 de Mayo y las madres bolivianas para adoptar celebraciones que, aunque cercanas en el calendario, nos resultan totalmente ajenas tanto desde el punto de vista histórico como cultural como es el caso del Día de la Madre que se celebra también en este mes en países anglosajones.
En contra de esas corrientes que reflejan culturas respetables pero ajenas, resulta alentador constatar que el vigor de nuestra memoria histórica está por encima de cualquier intento de banalizar esta conmemoración en nuestro país y, con ese espíritu, rendimos desde este diario nuestro homenaje a las madres de Bolivia.
