Muchos recordarán que algunos líderes actuales del país eran absolutos opositores al libre comercio de agrícolas, cuando en un momento determinado se plantearon los famosos TLC. Los argumentos de aquella oposición principalmente se referían a que las diferencias entre productores de países eran abismales y que era obligación de cada país proteger a sus propios productores.
Hoy parece que aquellas posiciones de defensa eran meramente políticas y demagógicas porque los mercados nacionales están inundados de productos agrícolas (y otros por supuesto) extranjeros ingresados al país solo Dios sabe en qué condiciones y si estos productos agrícolas tendrán mínimamente un certificado de sanidad vegetal.
Al parecer, aquellos que peleaban por la protección de los mercados internos, hoy dejan que estos se conviertan, sin necesidad de ningún tratado de libre comercio, en centros de venta de productos agrícolas extranjeros pero sin cumplir requisito legal alguno, dejando en peligro constante la sanidad agrícola nacional. Este tema fundamental para otros países en Bolivia no es precisamente el más cuidado y esta apertura a los productos extranjeros, resulta un peligro más, aun si tales productos son internados de manera ilegal.
Estos hechos muestran que existe un problema de fondo que no se lo enfrenta: la capacidad productiva nacional, al no contar con medidas de protección básicas, está sujeta al esfuerzo de los productores, sin una estructura real de apoyo que permita que la producción nacional a pesar de sus condiciones y de los efectos exógenos que sufre anualmente, sea constante. La producción nacional si bien se halla en situación desventajosa frente a la de los países vecinos, sí tiene un potencial realmente grande y, en lugar de ser avasallada sin que las autoridades hagan nada, debe promoverse la producción ya que ningún país en el mundo, por muy rico que sea, puede vivir de importaciones o de alimentos por contrabando.
Antes se decía proteger a los productores nacionales, hoy se dice que la seguridad alimentaria es más importante y que para brindar tal no debe importar la nacionalidad de los productos, aunque la producción nacional se muera; como ocurre al presente, un bajón en la producción agrícola nacional no solo debido a efectos climáticos, debido también a la falta de políticas adecuadas que permitan el crecimiento de la producción.
La importancia estratégica de la producción agrícola no es valorada en el país. Se cree que con pequeñas obras y pequeñitos proyectos que contentan a los partidarios se han resuelto los problemas, cuando en realidad la producción nacional agrícola, especialmente en el occidente del país, que es la que alimenta a los pobladores, requiere de proyectos de verdadero impacto, que resuelvan desde los temas de prevención de desastres, adecuaciones al cambio climático, hasta el impulso constante de la producción, para no hacer del país un dependiente de productos extranjeros. También cuando se habla de dignidad, producir los propios alimentos es digno.
