No fue más que se hable en el mundo sobre los ‘papeles de Panamá’ y que se sepa que en el asunto estaban comprometidas 95 empresas bolivianas, para que el masismo gobernante brinque como un peto y, a través de tres de sus apéndices (Fiscalía, Legislativo y Ministerio de Economía), decida investigar la posible evasión impositiva de las firmas involucradas. Claro que no se puede objetar la medida, todos deben pagar impuestos y hacerlo sobre sumas reales y no ficticias como siempre aconteció en Bolivia, uno de los motivos –junto con la corrupción–, de la carencia de recursos del Estado, de ahí la pobreza que mantuvo y mantiene al país anclado en el subdesarrollo.
Pero es tanta la preocupación del masismo gobernante por someter a la ley a las empresas y sobre todo a los políticos opositores, que se ha olvidado de que entre sus huestes hay miles de tipos a los que también hay que ajustarles las clavijas, porque todos deben ser medidos con el mismo rasero. Y no solo por no tributar, sino por delitos peores como el abuso de poder, negociados escandalosos, matanzas a mansalva (como la del Hotel Las Américas), tolerancia con el narcotráfico (porque producir coca en Chapare es eso), compra de cosas innecesarias (aviones y autos lujosos, barcazas, satélites y tantas otras veleidades), más negociados (‘Evo cumple’ y Fondo Indígena), los viajes para jugar pelota y figurar, hasta que llegamos al tráfico de influencias.
Este delito es muy grave y hay que sancionar severamente a los que lo cometen, así sean los más poderosos que hasta logran que la parentela reparta comida, por adjudicar trabajos y propiciar jugosos contratos anticréticos e instalar en alto y bien pagado cargo a una dama sin título de la universidad, que ahora, tras ser engatusada, paga culpas en la cárcel, aunque estas culpas son más ajenas que propias. Y le hacen más cachañas al tráfico de influencias con el asunto de si hay o no un hijo, que es cuestión personal, para olvidar el terrible delito.
En definitiva, sumando todo, deben ser miles de millones de dólares lo que ha perdido Bolivia en tantos escándalos y, si aplican la ley nada más que por tráfico de influencias, seguro que la patria quedará libre de los impostores que la manejan.
