“Los patos disparan a la escopeta" no es un refrán, ni siquiera una frase, sino un intento de formar una imagen mental contradictoria.
Lo normal es que sea la escopeta la que dispare contra los patos. Las imágenes en ese sentido son normales en el contexto de la cacería. Por tanto, lo anormal es que los patos le disparen a la escopeta. La imagen mental se utiliza para graficar una contradicción, un contexto en el que las cosas están al revés.
Eso ocurre, precisamente, con el actual gobierno. Por razones que solo caben en las cabezas de las autoridades, el gobierno se siente agredido y en situación de indefensión. Por ello, cree que necesita que se le defienda. ¿De quién? Nada menos que del pueblo.
La elección del nuevo Defensor del Pueblo, que recayó en quien era funcionario del Ministerio de Justicia hasta hace pocos días, ha sacado a flote un inexplicable sentimiento de indefensión de parte del primer mandatario, pese a tener el control de los distintos Órganos del Estado además de la fuerza pública.
Durante la posesión de esa autoridad afirmó que, en las actuales circunstancias los más agredidos son él, su vicepresidente, el Estado y también los policías que resultan heridos en los conflictos, refiriéndose al de las personas con discapacidad.
Asimismo, el jefe de Estado, siguiendo una lógica sui generis dijo que las instituciones de defensa de derechos humanos fueron creadas para contrarrestar la “desigualdad e injusticia” existentes en los gobiernos neoliberales, pero ahora —señaló— como existiría uno de izquierda, se pregunta cómo esas instituciones pueden defender al capitalismo y al imperialismo. En la misma línea, el vicepresidente instruyó que en la nueva gestión deben defenderse “los derechos vulnerados de un pedazo de la sociedad por otro pedazo de la sociedad”.
Se trata, además, de una interpretación maniquea y autoritaria. Más allá de corrientes ideológicas y grupos de poder, la lógica social señala que las sociedades son gobernadas por grupos de personas pero estas no deben cometer abusos. El Defensor del Pueblo es una institución que nació en Suecia con el nombre de "Ombudsman" y su propósito es defender a la sociedad de los posibles abusos de los gobernantes. Si comparamos con la imagen de la escopeta, los que necesitan defensa son los patos.
Por ello, en Bolivia, la institución defensorial ha sido creada para defender al ciudadano de los desmanes del poder estatal. Según la Ley 1818, debe investigar y denunciar, de oficio o como consecuencia de una queja, los actos u omisiones que impliquen violación de los derechos humanos, de las garantías, derechos individuales y colectivos establecidos en la Constitución Política del Estado, leyes, tratados y convenios internacionales aprobados por el Estado. Además, la disposición es clara al establecer que su titular no puede recibir instrucciones de los poderes públicos.
Así, salvo que el elegido asuma a plenitud lo que disponen la Constitución y las leyes, parecería que estamos ante un nuevo atentado a la institucionalidad democrática del país.
