Como si los muchos temas pendientes en la agenda pública nacional, y muy especialmente los relacionados con las dificultades económicas que se avizoran en el horizonte, no fueran suficientes para motivar un esfuerzo colectivo dirigido a establecer a un orden de prioridades y asì atender los problemas urgentes antes que los secundarios, el Banco Central de Bolivia (BCB) ha introducido otro tema controversial. Se trata de su intención de sustituir los billetes que circulan desde hace 30 años por unos nuevos.
La decisión del BCB consiste en imprimir 600 millones de billetes para sustituir a los actuales y, además, poner en circulación un nuevo corte de 500 bolivianos.
El anuncio ha sido recibido con muchos cuestionamientos. Tanto, que entre los más importantes se destacan los del Ministerio de Economía y Finanzas Pùblicas que, ni bien se enteró de la noticia salió al paso para poner en duda la necesidad y conveniencia de dar ese paso.
El sólo hecho de que haya sido desde el seno mismo del Gobierno nacional de donde han surgido los primeros cuestionamientos dice mucho sobre la falta de seriedad con que están tomadas tan importantes decisiones. Y ese no es un pequeño detalles porque las señales de improvisación son incompatibles con la confianza sobre las que se basa la estabilidad y el buen funcionamiento de cualquier política monetaria.
No es casual, por eso, que el anuncio del BCB haya sido suficiente para desencadenar una serie de especulaciones sobre las posibles causas y consecuencias de la medida. Muchos expertos en la materia, por ejemplo, han hecho conocer sus temores sobre una devaluación encubierta y sobre el riesgo del inicio de un proceso inflacionario. Ante tales cuestionamientos, el presidente del BCB se ha apresurado a salir pero sus argumentos no han sido suficientes para despejar las dudas.
Se ha cuestionado también la pertinencia de la anunciada introducción de billetes de corte mayor, en este caso los de 500 bolivianos, precisamente cuando la tendencia mundial apunta en el sentido inverso por haberse comprobado la directa relación entre la circulación de billetes de alta denominación y su uso para facilitar actividades ilícitas.
Otro elemento, no menos importante por el alto valor simbólico que conlleva, es el relativo al trasfondo cultural del asunto. Es que en Bolivia, como en todo el mundo, las imágenes de los personajes que son representados en los billetes tienen una carga emblemática cuya importancia trasciende lo estrictamente económico.
En este caso, resulta muy significativa la intención de desplazar a figuras señeras de la actividad intelectual y cultural de la historia boliviana por líderes indígenas a los que el actual gobierno se empeña en asignar un lugar excluyente de los anteriores.
Por ahora, lo que se espera es que el ministro de Economía, Luis Arce Catacora, y a través de él todo el país, reciba del presidente del BCB las explicaciones correspondientes. Mientras tanto, sólo cabe esperar que un asunto tan importante no sea abordado tomando como principal criterio orientador los requerimientos propagandísticos, por encima de lo que aconseja la racionalidad económica.
