La Pascua es el "paso del Señor" y Pentecostés es la plenitud de la Pascua: es permanencia, PRESENCIA. Jesús promete el Espíritu como una presencia que permanece para siempre (Jn 14,16). Pentecostés señala la conclusión de los cincuenta días de Pascua y el comienzo de un mundo nuevo; es el comienzo y el significado de la Iglesia de Cristo. La donación y la presencia del Espíritu son esencialmente dinámicas.
Interpela a cada uno y a la Iglesia solicitando una adhesión libre. Ya el día de Pentecostés, muchos aceptaron la fe; otros tomaron en broma las manifestaciones del Espíritu Santo: "Todos estaban llenos de admiración, y se decían unos a otros: "¿Qué significa esto?”. Otros, en cambio, decían riéndose: “Están borrachos"(He 2, l2s) Pentecostés es el complemento natural de la Pascua; mejor dicho, es un aspecto de la Pascua. En realidad se trata de un solo misterio que la Iglesia nos presenta en varias etapas para que podamos asimilarlo mejor. Jesús había prometido, en re¬petidas ocasiones, la necesidad de la presencia del Espíritu Santo y en la mañana de la fiesta judía de Pentecostés tuvo lugar e1 cumplimiento de la promesa. La venida del Espíritu Santo tiene lugar cincuenta días después de la Pascua de Resurrección, liberación del cristiano. Pentecostés es uno de los acontecimientos cumbres en la historia de la Iglesia y de la misma humanidad. Lo que San Lucas escribe del acontecimiento histórico de Pentecostés, lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “El Espíritu Santo es Señor y dador de vida: es la tercera Perso¬na de la Trinidad; es Dios, uno e igual al Padre y al Fijo, de la misma substancia y también de misma naturaleza...Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria"(C.n245). Es verdad que los Apóstoles habían ya recibido la misión dire¬cta del mismo Cristo, pero antes de ponerla por obra les había mandado que espera¬sen al Espíritu Santo (Ic24, 49;He l,14);esto es muestra clara que sin 31 no podía comenzar la misión. El Espíritu Santo da a la Iglesia la virtud de predicar a Cristo crucificado hasta los últimos confines de la tierra, para transmitir la vida del Resucitador la filiación divina. En nuestros días no podemos pensar en una Iglesia misionera sin la acción del Espíritu Santo. Es El que nos da vida y fuerza para continuar la misión de Cristo. La Iglesia vive por la presencia y la fuerza del Espíritu Santo; es el ALMA de la Iglesia. San Juan Pablo II dijo: "El Espíritu Santo es el protagonista de la Misión y el agente principal de la Nueva Evangelización". Jesús y los Apóstoles evangelizaron con la fuerza del Espíritu. Es el que intercede por nosotros con gemidos y que nos mueve para ser testi¬gos. Pentecostés no es ALASITAS...Es la permanencia de Cristo. Jesús cumple de verdad su promesa: “Yo, estaré con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo"(Mt 28,20).
