Sí. Es el Día del Periodista Boliviano pero, más allá de las sonrisas fingidas, los regalos y halagos, la prensa boliviana no tiene nada que festejar este 10 de Mayo.
Las condiciones laborales en las que se desenvuelve la mayoría del periodismo nacional son lamentables. Si tomamos como ejemplo solo a nuestra ciudad, encontraremos que en Potosí funcionan más de 60 radioemisoras, más de 20 estaciones de televisión, un solo periódico y alguna que otra radio digital con señal solo por internet. En cualquier otro país del mundo, esos datos reflejarían una situación expectable del periodismo, pues cada medio es considerado una fuente de empleo, pero no es así. Una simple visita a la Jefatura del Trabajo revelará que los medios de comunicación social que presentan planillas de salarios no llegan a la veintena y, si se revisa esos documentos, se verá que casi ninguna paga lo que realmente debería pagar; es decir, tres salarios mínimos que, según decreto, es el salario mínimo del periodista.
Si preguntamos por otro tipo de beneficios, como los seguros a corto y largo plazo, el panorama es todavía peor. Las empresas periodísticas que cumplen con esas obligaciones no pasan de la decena.
Ahora bien, ¿por qué existe esa anemia laboral en el sector de la prensa? ¿Debemos atribuirla a la codicia de los propietarios que no pagan lo que deberían o incumplen con beneficios sociales? Si uno se asoma a ver realidades individuales encontrará que la mayoría tiene economía de sobrevivencia ya que el dinero destinado a la publicidad en Potosí es mínimo en relación a ciudades del mismo tamaño como, por ejemplo, Sucre y Tarija.
La prensa potosina casi no recibe publicidad. Las grandes empresas mineras tienen exiguos presupuestos para ese fin y las cooperativas jamás firman contratos de ese tipo. Solo queda el sector público, Gobernación y Alcaldía, que distribuyen la publicidad de manera discrecional. Para empeorar el panorama, el actual gobernador, Juan Carlos Cejas, ha optado por reducir el dinero destinado a la publicidad en el marco de una política de austeridad que funcionaría mejor si aplicara otras políticas como, por ejemplo, reducir su personal despidiendo a quienes no poseen títulos profesionales. Pero no... el gobernador prefirió ir por lo más fácil sin tomar en cuenta que, al afectar a los medios, les estaba cortando una parte importante de sus miserables ingresos.
Por tanto, los medios de prensa de Potosí viven una economía de subsistencia. No pueden cumplir con las leyes laborales porque no tienen la capacidad para hacerlo. Eso permite que se contrate a gente bajo otras modalidades, como la de los productores independientes, que es —hay que decirlo— una ventana a la corrupción.
Y si a eso le sumamos el hecho de que el gobierno de Evo Morales ha limitado el derecho a la libertad de prensa a niveles solo vistos en los gobiernos dictatoriales, entonces el panorama se complica todavía más.
Por ello, es honesto decir que, este 10 de Mayo, el periodismo no tiene nada de qué festejar.
