Mientras algunos dicen que Bolivia es como Suiza, el área rural, particularmente del Departamento de Potosí, es vapuleada por la pobreza porque los responsables de hacerlo jamás han convertido el campo en un verdadero centro productivo.
Potosí es un Departamento azotado por los fenómenos naturales, desatendido y, encima de estas desventajas, tiene un área rural dejada a su suerte; falta infraestructura productiva, falta de proyectos que incentiven la producción.
El abandono de grandes zonas productoras es evidente ya que sus pobladores han migrado a las ciudades del interior y a otras regiones del exterior en busca de mejores días porque no tienen en el horizonte un punto de esperanza para desarrollar un trabajo y mejorar los ingresos de sus familias.
En el sector agropecuario no se cuenta con un solo proyecto de significación que integre en su proceso productivo a uno o varios municipios, por ejemplo. No hay promoción de la producción agrícola, ganadera, menos industrial.
Lamentablemente los responsables de la administración y del desarrollo están ocupados en afanes políticos, en cuidar sus pegas, en pelear espacios de poder, mientras el Departamento y su propia capital no tienen perspectivas ciertas de desarrollo próximo.
Mientras el bombardeo inmisericorde de propaganda progubernamental eroga grandes sumas de dinero, en Potosí muchos trabajadores dejaron de percibir un ingreso y se replegaron a sus regiones de origen, sin posibilidades económicas, porque, al bajar las cotizaciones internacionales de minerales, Potosí bajó la intensidad de la explotación minera y, al no existir otras fuentes de trabajo, aparecieron muchos desocupados que buscan alternativas en el campo, donde tampoco existen proyecciones productivas. Estas condiciones provocan una migración constante, dejando abandono y miseria en regiones antes productivas y que hoy son abandonadas debido a los cambios climáticos y principalmente a la falta de incentivo a la producción agrícola, que por hoy debiera ser la alternativa económica para enfrentar la pobreza de Potosí, el departamento más rico de Bolivia.
Al parecer, aquella Cumbre Mundial convocada por la FAO en el año 1996 y realizada en Roma, que planteó la seguridad alimentaria como el derecho de toda persona a tener acceso a los alimentos sanos y nutritivos sin importar el origen nacional de los mismos, tuvo resultados en el país porque este planteamiento fue una invitación a la apertura de los mercados internos de los países atrasados como Bolivia, para impulsar un beneficio para los países más desarrollados que, como se ve, en el presente llenan los mercados con sus productos sin que el gobierno socialista diga nada al respecto.
Frente a estos hechos, frente al desamparo en el que se desenvuelve la producción agrícola boliviana, surge la necesidad de establecer una política de Estado que norme, que incentive la producción nacional y que priorice ante todo la seguridad alimentaria de sus habitantes en base a la producción nacional.
Es inconcebible que los mercados estén llenos de papas extranjeras mientras las grandes regiones productoras no tengan atención técnica adecuada, incluso para combatir las inclemencias del cambio climático.
Potosí tiene un potencial envidiable; quizás se pueda cambiar los esfuerzos políticos por esfuerzos prácticos y reales que exploten el potencial regional y den esperanza a sus pobladores.
