Cuando apasionados vivíamos los preparativos y las discusiones previas al último referendo me negué siempre a hablar del Gobierno, a evaluar aciertos y desaciertos. No era eso lo que teníamos que votar. Aunque muchos intentaban llevarnos por ese camino, no venía a cuento criticar ni alabar a nadie. Mi opción fue otra. Fuera bueno o malo el Gobierno, yo proponía la renovación de todos los gobiernos. Estoy seguro de que la riqueza de cada gobernante son sus planteamientos nuevos, su energía por estrenar, su estilo diferente. Estoy seguro de que esas capacidades se desgastan, aunque solo sea porque lo que se ofrece, basta ofrecerlo una vez y basta ponerse en el acto a hacerlo realidad. Si alguien lo hizo bien, le damos un aplauso porque aportó lo suyo y esperamos a otro, con su nueva riqueza.
En cambio, si no logró convertir en realidad sus discursos, para qué esperar. Lo que no sirve, no servirá por mucho que le demos años y años.
Ahora, pasado el referéndum, ya podemos hablar del Gobierno. Podemos ponerle nota en todas las asignaturas que tenía por delante. Permítame que, semana a semana, vaya recorriendo el desempeño de nuestros gobernantes en cada faceta de la vida. Podremos discutir sus propuestas iniciales y sus logros. Podremos contemplar la decisión que tuvieron de avanzar. Podremos conversar de su estilo propio y único de gobernar.
Lo primero que pretendió este Gobierno fue que descubriéramos que somos un mosaico de pueblos diferentes. Quiso que descubriéramos a nuestros pueblos como pueblos dignos, respetables y tesoro de increíbles riquezas. Puso reglas de respeto y de igualdad. Gran avance. Lo triste es que se quedaron en la prohibición, en lo negativo. Prohibió que los olvidáramos, en lugar de darles a los olvidados de siempre lo que nunca se les había dado, lo que los hizo menos. La deuda con ellos es que en 500 años nunca conocieron una escuela. El remedio no es negar su abandono, sino darles escuelas y maestros como los mejores profesores y colegios de nuestras ciudades, para que puedan crecer como crecen los que tienen los medios para desarrollar sus mejores capacidades. Pusieron millones en sus manos, con un fondo de triste memoria, en lugar de poner a su alcance técnicas y medios para hacerlos capaces de generar las riquezas que nunca tuvieron para sus pueblos.
Les dieron espacios en cámaras y tribunales, pero no pusieron a su alcance el brillo personal que los hubiera hecho insignes y brillantes. Les reconocieron derechos, pero los azotaron cuando asomó el orgullo de descubrir lo que son. Darles su espacio es un logro, pero no han empezado a recorrer el camino para alcanzarlo. Usted ponga la nota.
