El presidente Luis Arce centró su discurso por el Bicentenario en el legado de su gestión, deslindar responsabilidades por la crisis económica y lanzar una defensa de su modelo, en un tono que marcó el inicio de su despedida del poder. Desde la Casa de la Libertad en Sucre, donde se fundó Bolivia el 6 de agosto de 1825, el mandatario atribuyó las dificultades actuales a factores externos y a un “sabotaje” interno, mientras reivindicó la industrialización como su principal herencia.
Arce reconoció los problemas que enfrenta el país, como la “escasez de combustibles, presión sobre divisas, especulación de precios de algunos productos”, pero los calificó de “coyunturales”. Según el Presidente, estas dificultades no reflejan una “debilidad” de su gobierno, sino que son el resultado de un escenario adverso que combina una crisis internacional, con conflictos bélicos que impactaron en la inflación, y una crisis climática que golpeó a la producción nacional con “sequías históricas, heladas y lluvias torrenciales”.
A los factores externos, sumó lo que señaló como una ofensiva interna. El mandatario denunció “una serie de bloqueos de caminos, marchas y sabotaje en la Asamblea Legislativa a leyes económicas y sociales”, así como “un golpe de estado fallido”, en referenci al 26J de 2024, “que incitaron un escenario propicio para la especulación, el agio, el contrabando a la inversa, la falta de combustible y dólares”. Con estas afirmaciones, el Jefe de Estado situó la causa de la crisis fuera de su administración.
Así, en defensa de su mandato, Arce aseguró que, pese a lo que llamó un “ataque inmisericorde” y “complot”, su gobierno logró mantener tres “banderas” principales. “Siempre protegimos al pueblo. A pesar de todo el sabotaje y complot, sostuvimos la subvención a los hidrocarburos. No suspendimos la salud gratuita ni los bonos, que nos ayudan a generar una redistribución más equitativa del ingreso”, afirmó.
Asimismo, se posicionó como un defensor de la soberanía nacional frente a intereses foráneos. “Jamás vendimos la patria ni nos arrodillamos a ningún imperio. Defendimos nuestro patrimonio y nuestros recursos naturales y los industrializamos”, enfatizó, y añadió una advertencia: “Nadie podrá jamás acusarnos de que entregamos la riqueza de la patria a quienes pretenden ser los varones del litio en el siglo XXI”.
El eje central del legado que Arce procuró establecer, por otro lado, fue su política de industrialización. Presentó este proceso como una realidad en marcha y no como “un mito”. “El legado más poderoso que dejamos es el inicio de la industrialización como camino irreversible hacia nuestra independencia económica”, proclamó. Mencionó la entrega de la planta siderúrgica del Mutún y el desarrollo de más de 170 plantas industriales, incluidas las de biodiésel, como prueba de que “la industrialización ya está en marcha”.
Según el mandatario, su gobierno “sentó las bases de una economía de base ancha” y “diversificada”.
Durante su discurso, que duró cerca de una hora, el Presidente también enumeró una serie de logros, como la construcción de más de 60.000 obras, la cobertura de salud gratuita para más de 8,2 millones de personas a través del Sistema Único de Salud (SUS), la realización de un Censo “moderno, participativo y transparente”, y el posicionamiento de Bolivia como el país “más seguro de América Latina y el Caribe”.
En ese marco, Arce hizo un llamado a la unidad para proteger sus conquistas. “No permitiremos que nos arrebaten las conquistas sociales. No dejemos que el egoísmo y la mezquindad nos desvíen del rumbo”, manifestó. Agregó, en ese sentido, que el espíritu de su proyecto político sigue vigente. “Que nadie se equivoque, el ajayu del proceso de cambio sigue vivo. Late en las plantas industriales que ya producen, en los recursos estratégicos que nunca más servirán a intereses extranjeros”, sentenció.
