El esperado primer debate presidencial en más de dos décadas, lejos de iluminar el camino hacia el futuro de Bolivia, se convirtió en un agrio y personalísimo ajuste de cuentas. El encuentro, que prometía ser una fiesta democrática para contrastar propuestas, terminó siendo un festival de reproches y dardos envenenados entre candidatos sobre su papel en los gobiernos de los últimos 40 años, lo que dejó como saldo más recriminaciones que soluciones y la amarga sensación de que la clase política sigue atrapada en el retrovisor.
El ring verbal tuvo dos esquinas principales: por un lado, los representantes de los gobiernos neoliberales, Jorge Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina; por el otro, los herederos de los gobiernos del Movimiento Al Socialismo (MAS), Andrónico Rodríguez y Eduardo Del Castillo, con el primero como principal blanco por su ausencia en los debates previos organizados por los canales de televisión privados UNO y Unitel.
Los candidatos casi no dieron oportunidad para contrastar propuestas. En el encuentro, organizado por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) y la Asociación Nacional de Periodistas (ANP), cada eje temático fue usado como excusa para lanzar ataques personales y endilgar culpas.
Rodríquez enmarcó el debate desde su primera intervención en esa caja, y apuntó directamente a sus adversarios de mayor edad. “Crecí de niño- adolescente en la gestión, precisamente, del señor Doria Medina y Tuto Quiroga. Ellos fueron presidente, ministro, vicepresidente (y) viceministros en toda esta etapa, del 85 al 2005, que es la (etapa de la) derecha y (del) modelo neoliberal”, lanzó.
El contraataque de Quiroga no se dejó esperar y fue contundente. Cuando tuvo la oportunidad, le exigió a Andrónico una postura sobre el caso del Hotel Las Américas. “Le pregunto si va a respetar el dictamen del Sistema Interamericano (de Derechos Humanos), que ha establecido que aquí, en el hotel Las Américas, hubo ejecución extrajudicial, y si va a procesar a Evo Morales”. Además, lo acusó de proteger el narcotráfico. “Esa coca, (la) del Chapare, se va al narcotráfico. La Ley 906 legalizó la producción de cocaína. Conmigo, Andrónico, y tu jefe Evo Morales lo sabe, no va a haber narcotráfico”, agregó.
La detención del gobernador electo de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, fue otro de los temas que derivó en ataques. Doria Medina increpó a Del Castillo por ese caso. “Yo quisiera que nos expliques por qué el 28 de diciembre del año 2022 diste la instrucción de secuestrar al gobernador de Santa Cruz”, lanzó. Del Castillo, exministro de Gobierno de Luis Arce, se defendió alegando el cumplimiento de una orden fiscal y contraatacó recordando el pasado empresarial de Doria Medina. El intercambio escaló, en un momento, escaló a descalificaciones personales, con Del Castillo diciéndole “Samuelitio”, por supuestamente haber negociado el litio con el empresario Marcelo Claure. “Cómo que no tenés apodo, si todo el país sabe que sos un q’encha”, le dijo, a lo que Doria Medina replicó: “A vos te decían Sonia, un narcotraficante, ¿no? Vos, con esos tus amigos, tenías apodos. No me pongas apodos”.
Reyes Villa tampoco dudó en sumarse a esta dinámica y lanzó un dardo contra Rodríguez. “Mira, 14 años, un gobierno que tanto daño le ha hecho al país. Tú haz sido parte de ellos”, soltó, y también arremetió contra Doria Medina, a quien acusó de tener un acuerdo con Claure por el litio. ¿Tú podrías decirle a Marcelo Claure que no se intrometa en la política (boliviana), cuando estamos en plena elección?”, lanzó.
Johnny Fernández buscó presentarse como una alternativa a la polarización, pero inició su participación criticando a los protagonistas del pasado y el presente: “Yo aquí veo lo mismo (...) Para que haya transformación, para que hayan reformas, tiene que haber una nueva conducta, tienen que haber nuevos actores”, señaló.
