“Montero es una ciudad con cero movimiento. Lo único que puedo ver en las calles son algunas ambulancias, el Ejército y la Policía patrullando y repartiendo alimentos de defensa civil. Es una ciudad triste. En lo particular, me llaman por teléfono para hacerme escuchar a sus hijos llorando de hambre”, cuenta María Elva Pinckert, ministra de Medio Ambiente y Agua.
Ella está encargada de coordinar la lucha contra el Coronavirus en Pando, pero, tras aislar a los pocos pacientes que han dado positivo en el norte amazónico, pidió cuatro días de permiso a la presidenta Jeanine Áñez para volver a su pueblo natal, Montero, y tratar de ayudar a contener el turbión de la enfermedad. Hoy por hoy, con poco más de 100.000 habitantes, Montero tiene más de 30 casos de COVID-19 y, pese a la cuarentena total decretada desde ayer, la situación amenaza con desbordarse.
A Pinckert le han informado de cuatro médicos laboratoristas que han dado positivo en el test de coronavirus. Lo peor es que no han atendido a ningún paciente que haya desarrollado la enfermedad ni son contactos de diagnosticados. Eso le da a entender a la ministra que su ciudad ya había entrado en la etapa de la transmisión comunitaria sostenida.
“La gente sabe que soy montereña, me llama, me implora porque podamos llevar comida a sus casas. Me siento impotente. Ya hemos podido reunir arroz, azúcar, alcohol. Hay muchos empresarios montereños que viven en Santa Cruz a los que les va bien. Ayúdennos, acuérdense de su pueblo, hagan llegar su ayuda. Aquí hay mucha tristeza, me siento quebrada”, dice la ministra.
Al mediodía, Pinckert esperaba que llegue el ministro de Defensa, Fernando López, para ver dónde se puede aislar a todos los pacientes que han dado positivo por coronavirus y que no necesitan atención médica aún. Dice que esa estrategia dio resultados en Cobija, donde no se han reportado nuevos casos.
Hace uno días, Pinckert visitó Montero para la desinfección de su ciudad. Algunos de los que participaron de la actividad terminaron contagiándose de los casos. Ella dice que no fue uno de ellos, que tomó todas las medidas de seguridad, que, pese a que pidió a las autoridades locales que se tomen más en serio la cuarentena, no le hicieron caso. “Le pedí al Ejército y la Policía que hagan cumplir las multas, pero ellos me decían que la gente era pobre y no la podía pagar. Fueron muy permisivos”, critica.
Sobre las personas que participaron en la desinfección y dieron positivo, Pinckert señala que no tienen síntomas de la enfermedad, pero que trabajaron al lado de varios jóvenes y que no se los detectó a tiempo para aislarlos. Ahora sus contactos están en cuarentena y el lunes se les tomará la prueba, para ver si también están contagiados.
“No se ha hecho un rastreo rápido, efectivo y suficiente de las personas, para poderlos aislar en su momento, para evitar el contagio. Estamos fallando desde ahí”, lamenta.
Consultada sobre el pedido que hizo a sus colegas ministros de apresurar la habilitación del hospital de tercer nivel de Montero, aseguró que Carlos Díaz (Planificación) y José Luis Parada (Finanzas), trabajan a contrarreloj para poner en funcionamiento el hospital cuanto antes. Están buscando financiamiento de la cooperación.
Mientras tanto, se trata de terminar la estructura, que son empresas que van a trabajar a Montero desde Santa Cruz. Se espera que las obras civiles estén concluidas hasta el 15 y que se pueda comenzar a equipar el hospital. Pinckert sabe que hay 12 ventiladores para instalar la terapia intensiva en ese nosocomio, pero asegura que en las 200 camas que tendrá el hospital se podrá conectar un respirador, el arma para combatir el mal del coronavirus.
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