¿Cómo se sentía cuando la oposición decía que se mantenía en el cargo por ser suegra de Evo?
Para la oposición valía todo. Me han tildado de la suegra, de todo. La oposición, cuando no tiene unas ideas claras, ataca. Para mí fue duro. Mi familia, mi papá, mis hermanos, mis hijas, sufrían. Mi hija sufría mucho. Cuando uno es chico no entiende que es un ataque político. Yo tengo a la niña (Ariani, su nieta) ahora a mi cargo. Ha sido duro. Pusieron en duda el reconocimiento de la niña con el verdadero padre. En esta casa, después de haber perdido a mi hijo tal vez me trajo de nuevo la alegría y la esperanza. Nadie sabe qué nos espera (dice y no puede aguantar el llanto). Mi hijo tenía 19 años y murió en un accidente de tránsito. Eso fue para mí bien duro. Todo en la vida se puede esperar, pero no esto. Ahora lo siento. Hace seis años que murió. Lo tengo como si estuviera presente. Suena una moto y parece que va a llegar Gustavo. Era el segundo de mis hijos. Tal vez por dedicarme tanto al trabajo político él murió. Falleció el 5 de octubre de 2009, cuando era diputada, en plena campaña. He trabajado día y noche para olvidar, para salir de ese círculo. Pero llego a la casa y estoy sola. Esperando que él vuelva y es bien duro. Es mucho más duro ese golpe que cualquier ataque.
LA SALIDA DEL PODER
Antes de que deje de llorar, un colaborador le acerca un pañuelo desechable un vaso de soda. En la casa de cuartos con techos de media agua, hay un cuarto vacío en el que solo un altar recuerda al hijo ausente. Está justo al lado de la habitación de Nemesia. Allí dormía Gustavo.
Hablemos del Fondo Indígena. ¿No se dio cuenta de que todo iba tan mal?
Me di cuenta desde el inicio. Cuando asumí el ministerio en 2010, supe que tenía 22 unidades desconcentradas que ejecutaban sus programas a través de transferencias, pero que la administración correspondía al Ministerio de Desarrollo Rural. El Fondo Indígena tenía trato especial. Desde su creación dependía de un directorio formado por las organizaciones (indígenas, campesinos, mujeres campesinas y colonizadores). Ellos hacían la distribución de sus fondos, la aprobación y fiscalización de los proyectos y tenían su propia MAE (máxima autoridad ejecutiva) que era su director. También tenía su propia entidad de auditoría interna y la fiscalización dependía de las instituciones matrices. Difícil manejar eso desde el ministerio. Uno cree, de buena fe, que los proyectos aprobados se harán, pero las organizaciones no hicieron el seguimiento.
¿Usted no tenía poder sobre el fondo?
No. Eso decía el decreto de fundación del fondo. El problema es que solo podían gastar el 1,5 % en personal y era muy poco. Ahora, la gente, la oposición, quieren mi cabeza. Todos quieren mi cabeza. Eso ya lo hemos visto. Creen que he tenido la plata del fondo, que yo la manejé. He manejado un montón de proyectos en el ministerio con las otras desconcentradas y jamás se me ocurrió pensar en girarme la plata de un proyecto, ni favorecer a un pariente. No me he llevado un centavo, un proyecto, pero esta es la bandera de la oposición.
¿Pedía informes de los avances de los proyectos?
A todas las entidades pedía informes. Pero los directores generales decían que como no eran puestos por la ministra, si les daba la gana hacían los informes. Había momentos en que decían: “bah, es nuestra la plata, déjenos que nos la comamos”. Un día Adolfo Chávez me dijo: “es nuestra la plata, qué te preocupás”. Eran bastante duros.
