Un informe de la CIA que llegó a la Casa Blanca fue determinante para que el presidente republicano ordenara una “misión de vida o muerte” a las fuerzas especiales norteamericanas, que se enfrentaron sin bajas con la Guardia Revolucionaria iraní, su principal objetivo militar era rescatar al aviador del caza 15-E derribado por el régimen chiíta.
Medianoche del viernes en DC, amanecer del sábado en Irán. Sin rastros firmes del piloto derribado, con la Guardia Revolucionaria tras sus talones, el aviador estaba herido y se escondía en la montaña. Esa información secreta llegó a la Casa Blanca y fue evaluada por Trump y su staff, entre ellos Marco Rubio, secretario de Estado.
El piloto había caído al sudoeste de la provincia de Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad, una zona montañosa que está bajo el control operativo de la Guardia Revolucionaria de Irán.
Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad es una provincia interior de Irán, y no es limítrofe con ningún país de Medio Oriente. Eso significa que Estados Unidos desplegó su misión de rescate enfrentando los radares iraníes y la información satelital aportada por China y Rusia.
el Pentágono ya había enviado dos MC-130, que habitualmente se usan para ejecutar operaciones encubiertas o rescatar tropas en situaciones militares complejas.
En territorio iraní, las tropas especiales que llegaron en los dos MC-130 se enfrentaron con la Guardia Revolucionaria. Fueron apoyadas por un intenso fuego aéreo que trataba de ser repelido por los misiles de Irán.
Durante el combate, los dos aviones MC-130 fueron destruidos.
En la medianoche del sábado-hora de Washington-, amanecer del domingo en Irán, la operación había concluido. El piloto -cuyo nombre aún se mantiene en reserva- regresó herido a una base del Golfo Pérsico.
Con la información verosímil de la CIA, el presidente hizo una apuesta militar que cumplió su objetivo político, informó el portal digital de Infobae.
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