La Habana y Washington llevan dos semanas cruzándose agresivas declaraciones a raíz de la captura estadounidense del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. El diálogo es nulo, pero los temas coinciden: petróleo, crisis y negociación.
El derrocamiento de Maduro el pasado 3 de enero abrió la puerta a que tanto el presidente de EE.UU., Donald Trump, como su secretario de Estado, Marco Rubio, apuntasen a Cuba como una de las posibles siguientes fichas en su particular dominó geopolítico en el hemisferio occidental.
Desde entonces Washington no ha dudado en aumentar la presión sobre la isla, que está respondiendo con la retórica inflamada gestada a lo largo de más de seis décadas de desencuentros bilaterales, agresiones, sanciones estadounidenses y el cierre de filas bajo la máxima isleña de la plaza sitiada.
