Los cardenales apuestan por que el cónclave para elegir al sucesor de Francisco, y que comenzará el 7 de mayo, será breve, de dos o tres días, según comentan a su entrada en las congregaciones generales que servirán para individualizar una figura que pueda aglutinar consensos.
Todo esto en medio de ausencias y situaciones disciplinarias.
Uno de los casos más relevantes es el del cardenal Angelo Becciu, quien fue apartado de sus funciones por el propio Francisco debido a su implicación en un escándalo financiero por el que fue condenado. Aunque Becciu insistía en que tenía derecho a participar en la elección del nuevo pontífice, finalmente este martes anunció su voluntaria renuncia a formar parte del cónclave.
“Por el bien de la Iglesia, a la que he servido y continuaré sirviendo con fidelidad y amor, así como para contribuir a la comunión y serenidad del cónclave, he decidido obedecer, como siempre he hecho, a la voluntad del papa Francisco y no entrar en el cónclave, a pesar de seguir convencido de mi inocencia”, declaró.
Otra figura controvertida es el cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo emérito de Lima y primer purpurado del Opus Dei, quien fue sancionado por el Vaticano con restricciones disciplinarias tras acusaciones de abuso sexual. Aunque no puede participar en la votación por haber superado el límite de edad (81 años), estuvo presente en las congregaciones previas al cónclave y fue visto con vestimenta cardenalicia durante la ceremonia en la basílica de Santa María la Mayor.
