Unos 35,4 millones de argentinos están llamados a votar este domingo en los centros electorales que permanecerán abiertos entre las 8:00 y las 18:00 (una hora menos en Bolivia) para designar presidente y vicepresidente de la Nación, 130 diputados y 24 senadores nacionales, además de parlamentarios del Mercosur.
Junto a esto habrá elecciones generales en las provincias de Buenos Aires, Catamarca y Entre Ríos y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entidades que decidieron no desvincular sus comicios de los nacionales, como sí hizo el resto de los distritos.
El líder de La Libertad Avanza (ultraderecha), Javier Milei, el candidato más votado en las elecciones primarias celebradas en agosto, es el principal aspirante al triunfo, seguido del actual ministro de Economía, Sergio Massa, quien representa a la coalición oficialista Unión por la Patria (peronismo).
La mayoría de las encuestas los sitúan en el escenario de una eventual segunda vuelta, aunque hay quienes apuntan a que todo podría resolverse este domingo, como tampoco faltan teorías sobre la sorpresa de un ‘cisne negro’.
Lo cierto es que los sondeos fallaron hasta tal punto en las elecciones PASO (primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias) celebradas en agosto, cuando ninguna adelantó el triunfo de Milei, que todo podría pasar.
La aspirante de Juntos por el Cambio (centroderecha), Patricia Bullrich, a la que algunas encuestas sitúan en una pugna codo con codo con Massa para pasar al balotaje contra Milei, ha ido remontando después de un primer debate electoral en el que fue noqueada por sus contrincantes. Bullrich cerró su campaña con el apoyo de todas las corrientes de la coalición, incluido la que lidera el expresidente Mauricio Macri (2015-2019), quien en algún momento ha coqueteado políticamente con Milei.
Además, en la contienda electoral compiten el gobernador en funciones de Córdoba, Juan Schiaretti, que representa al peronismo disidente agrupado en la formación Hacemos Por Nuestro País, y la candidata del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, Myriam Bregman.
Quien gane, este domingo o en la segunda vuelta, el país suramericano debe decidir quién regirá su destino en los próximos cuatro años.
INDECISOS Y DESENCANTADOS
Las primarias del 13 de agosto mostraron que unos 11,5 millones de argentinos estaban indecisos o desencantados con la clase política: más de un millón votó en blanco y el resto se quedó en casa, por lo que la votación registró el nivel más alto de abstención desde 2011, cuando se establecieron primarias abiertas.
Por eso, además de consolidar lo logrado en primarias –un 29,86% La Libertad Avanza, un 28,27% Juntos por el Cambio y un 27,28% Unión por la Patria–, los candidatos han afinado sus discursos en busca de quienes no optaron por ninguna opción en agosto.
La diferencia respecto a las primarias, en las que los votos en blanco son tan válidos como los afirmativos (los que seleccionan algún partido), y cuentan para que las formaciones lleguen al 1,5% de apoyos necesario para participar en las generales, es que en las elecciones de hoy el universo electoral se achica, pues los blancos son válidos, pero no suman. De esta manera, a igual cantidad de votos, un partido logra más porcentaje de apoyo que en las primarias.
Con la inflación cerca del 140 % interanual, la pobreza en un 40,1% y salarios depauperados –cuyo último episodio fue la devaluación del 22% del peso practicada por el Ejecutivo tras las PASO–, los argentinos afrontan las últimas horas de reflexión con la conciencia de que se trata de una votación crucial para su futuro.
