La muerte en la ciudad de Nanterre de un menor negro de 17 años por los disparos de un policía que alegó haber utilizado su arma en legítima defensa –una versión desmentida por las imágenes en vídeo del suceso– amenaza con generar un incendio social en Francia.
El presidente, Emmanuel Macron, y varios miembros de su Gobierno, se esforzaron ayer en mostrar solidaridad con la familia del Naël, en subrayar que su muerte es “inexplicable e inexcusable” y en hacer llamamientos a la calma, después de una primera noche de disturbios en la que hubo una treintena de detenidos, una cuarentena de vehículos incendiados y 24 policías heridos.
Para evitar que los altercados, que se produjeron sobre todo en ciudades del extrarradio de París, se repitan o incluso se extiendan, se desplegaron 2.000 policías y gendarmes.
Naël, un joven negro que el martes por la mañana conducía sin permiso un Mercedes deportivo amarillo de alquiler por las calles de Nanterre, en las afueras de París, fue detenido por una pareja de motoristas de la Policía.
