Los rebeldes hutíes de Yemen tomaron el control de una montaña cercana a Marib, último bastión del gobierno en el norte del país en guerra, lo que allana el camino para controlar esta localidad estratégica, informaron el viernes fuentes militares.
Los rebeldes “tomaron el control del monte Hilan, que rodea Marib, después de combates que dejaron decenas de muertos” entre los combatientes, dijo un responsable militar de las fuerzas gubernamentales a la AFP.
Después de seis años de guerra, los hutíes, apoyados por Irán, reactivaron en febrero su ofensiva en la región de Marib, donde hay importantes campos petroleros, provocando cruentos combates con las fuerzas gubernamentales, apoyadas a su vez por una coalición liderada por Arabia Saudita.
Marib está a unos 120 kilómetros al este de la capital, Saná, controlada desde 2014 por los hutíes, al igual que gran parte del norte del país.
La pérdida del monte Hilan, una posición estratégica, es “una amenaza directa para las primeras líneas de defensa de Marib”, dijo otro funcionario de las fuerzas leales al gobierno, quien explicó que los hutíes habían “cortado las líneas de suministro en algunos frentes” y que los combates se estaban librando ahora al oeste de la ciudad.
Marib “está en peligro”, aseguraron estas fuentes.
Tras la toma del monte Hilan, la coalición de una decena de países árabes liderada por Riad llevó a cabo una decena de ataques aéreos contra las posiciones de los hutíes, dijo otra fuente gubernamental.
El canal de televisión Al Masirah, controlado por los hutíes, confirmó los ataques. Los rebeldes rara vez informan de sus bajas.
La ofensiva ha dejado cientos de combatientes muertos y cientos de familias desplazadas en la región, que alberga a más de un millón de personas desplazadas.
Posición de fuerza
La toma de la ciudad por parte de los hutíes sería un duro golpe para las fuerzas gubernamentales y también para Arabia Saudita. Proporcionaría además a los rebeldes una nueva fuente de ingresos y una posición fuerte en la mesa de eventuales negociaciones.
Los rebeldes multiplicaron sus ataques contra el territorio saudita en las últimas semanas y pidieron a Riad, como condición previa a cualquier alto el fuego, el fin del bloqueo aéreo y marítimo impuesto a su país.
El jueves, el Consejo de Seguridad de la ONU condenó esta “escalada” en torno a Marib y alertó de una agravación de la ya terrible situación en Yemen, devastado por la guerra.
La batalla de Marib “pone en grave riesgo a un millón de personas desplazadas en el país y amenaza los esfuerzos por alcanzar una solución política en un momento en que la comunidad internacional está cada vez más unida en sus esfuerzos por poner fin al conflicto”, dijo el Consejo en un comunicado.
Desde la llegada en enero de Joe Biden a la Casa Blanca, Estados Unidos ha intentado reactivar las negociaciones.
En un esfuerzo por apaciguar los ánimos, la nueva administración estadounidense anunció el fin de su apoyo a la coalición militar liderada por Arabia Saudita.
El conflicto ha provocado, según la ONU, la crisis humanitaria más grave del mundo, con decenas de miles de muertos, millones de desplazados y una población al límite de la hambruna, denuncian organizaciones de derechos humanos.
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