El mismísimo presidente Vladimir Putin se ha erigido desde agosto en el principal embajador de la primera vacuna contra el coronavirus registrada en el mundo, la "Sputnik V", convertida también en baza geopolítica.
Los científicos occidentales calificaron el anuncio de prematuro, ya que tuvo lugar antes de que empezara la fase 3 de los ensayos clínicos a nivel masivo y de la publicación de resultados científicos.
La comunidad internacional, sobre todo la occidental, también ha visto que la vacuna responde a la voluntad de Moscú de ampliar su influencia en el mundo.
Aprovechando el anuncio de Putin, que aseguró que su propia hija participaba en los ensayos de la vacuna rusa, Moscú ha suscrito acuerdos internacionales para los ensayos clínicos (con Bielorrusia, Venezuela e India) y para la producción de su vacuna (con India, Brasil, China y Corea del Sur).
Después de los hidrocarburos, las armas y la energía atómica, a Moscú le gustaría añadir la vacuna a su arsenal de influencia económica y diplomática y asegurarse una parte del mercado de los países en desarrollo.
Pero esta primera vacuna simboliza también el mantra de la política del ocupante del Kremlin desde hace dos décadas: Rusia está de regreso.
“Es una manera que tiene de demostrar que el país es capaz de (…) formar parte de la élite científica mundial, de hacerlo mejor que los países desarrollados”, dice la politóloga Tatiana Stanovaya, fundadora del centro de análisis R.Politik.
..........
Señor Lector, este es solo un reporte. La información completa está en la edición impresa de El Potosí.
