Con la victoria de Joe Biden, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan probablemente ya no podrá influir en las decisiones de la Casa Blanca con una llamada telefónica como solía hacer con "su amigo" Donald Trump.
Los analistas opinan, sin embargo, que el presidente electo, una vez investido, no marginará a la Turquía de Erdogan, que desempeña un papel notorio en la región, pero que las relaciones con este aliado estratégico de la OTAN se basarán en nuevas reglas, más estrictas.
Trump es conocido por su fascinación por los dirigentes que gobiernan con mano dura, como Erdogan, al que presentó como un amigo, pero esto no ha impedido que los dos países atravesaran crisis durante los últimos años marcadas por el deterioro de sus relaciones después de un fallido golpe de Estado en Turquía en 2016.
Turquía pide a Estados Unidos que extradite a un predicador turco, Fethullah Gülen, que reside en Pensilvania y a quien acusa de ser el cerebro de la intentona golpista.
Los dos países también están en desacuerdo sobre una milicia kurda calificada de “terrorista” por Ankara pero apoyada por Washington en la lucha contra el grupo Estado Islámico (EI) en Siria.
El vínculo personal entre Trump y Erdogan contribuyó no obstante a limitar los daños.
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