Cambiar la Constitución fue la gran reivindicación que unió a los chilenos durante la revuelta social que empezó hace un año y este domingo podrán votar en un plebiscito para enterrar o no la Carta Magna heredada de la dictadura, percibida como la base de la desigualdad.
Para los partidarios del Apruebo al cambio constitucional, principalmente en la oposición de izquierda, una nueva Constitución eliminaría el freno fundamental a las reformas sociales profundas, en uno de los países más desiguales de América Latina, que en los últimos 30 años fue uno de los más estables y con mayor prosperidad económica de la región.
Los defensores del Rechazo, que comparten parte de los partidos de la coalición conservadora gobernante, creen que es posible introducir cambios en el texto básico, pero no redactar una nueva Constitución. Para ellos, la estabilidad de Chile está en juego.
“Este plebiscito lo ganó el pueblo; no lo ganaron los partidos (políticos)”, considera Alejandra Sepúlveda, una empleada de 34 años, que la tarde del jueves participó de uno de los cierre de campaña de la opción Apruebo en el centro de Santiago.
Para Luis Álvaro, de 51 años y desempleado desde marzo, “Chile necesita un cambio radical”.
“Queremos un nuevo Chile. Un Chile justo, un Chile digno; un Chile que sea para todos”, dice esperanzado sobre el proceso que se puede abrir el domingo en caso de ganar el Apruebo y la opción para redactar una nueva Constitución a través de una Convención Constituyente, integrada exclusivamente por miembros electos en votación popular.
La otra alternativa es una “Convención Mixta”, integrada en partes iguales por parlamentarios en ejercicio y miembros electos especialmente para la ocasión.
Posición de privilegio
El gran temor de los partidarios del Rechazo es que “Chile pierda su posición de privilegio en América Latina”, ganada en los 30 años de democracia, y se convierta en “una nueva Venezuela”. Para ellos, no es necesario cambiar una Constitución que le ha dado estabilidad a Chile aunque sí introducirle reformas.
Los episodios de violencia que han acompañado las multitudinarias marchas callejeras que emergieron a partir del 18 de octubre del año pasado, y que volvieron a repetirse este domingo con la quema de dos iglesias en la conmemoración del primer año de la revuelta, sustentan estos temores.
En la víspera, el Fondo Monetario Internacional (FMI) entregó su visión sobre el proceso, agregando una nota de tranquilidad respecto al horizonte que se asoma en este país austral.
“Este proceso constitucional abre la puerta a que Chile siga siendo un líder en la región en el ámbito económico”, dijo el director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner.
La cúpula de la iglesia de Asunción se derrumba ardiendo en llamas después de haber sido incendiada por los manifestantes en la conmemoración del primer aniversario del levantamiento social en Chile, en Santiago, el 18 de octubre de 2020.© AFP CLAUDIO REYES
El plebiscito podría lograr que Chile “comience una nueva etapa en la cual se mantengan los principales elementos que generaron el éxito chileno en términos de crecimiento económico de las últimas décadas, pero que también esto se complemente con una agenda de cobertura social, con unas finanzas públicas más progresivas”, declaró.
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