Desde que se detectó el nuevo coronavirus, diversas naciones han comenzado a imponer restricciones a los viajes y a cerrar sus fronteras para contener la pandemia. El intento más reciente de aplicar controles involucra un territorio más pequeño: el vecindario de Rocinha, en Río de Janeiro.
Rocinha, la favela más grande de Brasil donde según el último censo vivían unas 70.000 personas, tiene forma de cuenco, con casas de ladrillo sobre sus faldas y vista al océano Atlántico. Sus angostos callejones reducen el flujo de aire alrededor de las apiñadas viviendas, y el barrio, que carece de un sistema adecuado de drenaje, padece alta incidencia de tuberculosis. Es comprensible que sus habitantes estén deseosos de no importar otros patógenos.
Con eso en mente, Wallace Pereira da Silva, presidente de la asociación de residentes de Rocinha, dice que presentó una solicitud oficial el 13 de marzo ante la secretaría de turismo estatal para pedirle se prohíba el ingreso de extranjeros a la favela.
"De lo que tenemos más noticias es de que la enfermedad proviene de extranjeros, y eso nos preocupa", afirmó Pereira da Silva en una entrevista. "Obviamente estamos tomando precauciones _lavándonos las manos, usando desinfectante de manos, etc._, pero para mí en lo personal, la mayor preocupación es que nos visiten extranjeros".
