Benjamín Netanyahu, aupado por su triunfo en los comicios y rozando la mayoría parlamentaria para formar Ejecutivo, trabaja con sus socios para buscar los apoyos necesarios con los que romper el bloqueo político y permanecer en el poder mientras afronta acusaciones de corrupción en su contra.
Tras escrutarse más del 92% de los votos en Israel, su partido, el Likud, obtiene una clara victoria sobre la alianza centrista Azul y Blanco de Beny Gantz y confía en volver a gobernar.
La última actualización de resultados otorga al Likud 36 de los 120 escaños de la Knéset (Parlamento), pero que sumados a los de sus socios ultraderechistas y ultraortodoxos alcanzan los 59, tan solo dos por debajo de la mayoría necesaria para gobernar.
Sin embargo, el entusiasmo inicial se redujo a lo largo de la jornada, después de que los partidos opositores descartaran una vez más cualquier pacto con el bloque liderado por el actual mandatario.
