La reforma de las pensiones, enquistada como nudo gordiano del mandato presidencial de Emmanuel Macron, salvó ayer como era previsible el escollo de dos mociones de censura presentadas por la oposición, por lo que continuará su recorrido parlamentario.
Enfrentado a las 40 mil enmiendas presentadas por la izquierda y en medio de la grave crisis por el coronavirus, el primer ministro, Édouard Philippe, decidió el pasado sábado tirar por la calle de en medio y aprobar la reforma de las pensiones por un "decretazo", el artículo constitucional 49.3, que la exime de voto parlamentario.
Una vez utilizado ese botón nuclear, la única opción para la oposición era lanzar una moción de censura, algo que hicieron los conservadores por un lado y la izquierda por otro, aún a sabiendas de que ninguna iba a alcanzar la mayoría absoluta necesaria, fijada en 289 diputados.
