La violencia y los desmanes protagonizaron las protestas de ayer en Chile, jornada en la que cientos de los indignados más radicales ampliaron su radio de acción hacia zonas más acomodadas de la capital del país y vandalizaron bancos, comercios y mobiliario público.
Las manifestaciones pacíficas, más tibias en los últimas jornadas, han quedado últimamente ocultadas por las expresiones de violencia de los grupos de personas que se convocan a siniestrar la ciudad, fenómeno con el que estalló hace ya 20 días, crisis social que hasta el momento ha ocasionado al menos 20 muertes.
Mientras, el Gobierno continua implementando su agenda social pese a que hasta el momento está demostrando que es insuficiente para sofocar el estallido.Sigue también muy presente el debate sobre la actuación de los agentes del Estado, sobre los que el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) de Chile ya ha interpuesto más de 200 querellas por presuntos abusos de poder y violaciones de derechos humanos.
El punto central de la convocatoria en esta jornada fue la comuna de Providencia, en el sector nororiente de la ciudad de Santiago, un barrio comercial de clase media y media alta, siendo el vandalismo y la violencia la nota predominante.
Los comerciantes de la zona habían tomado precauciones desde la mañana, protegiendo sus establecimientos con paneles de madera y aluminio ante potenciales disturbios, lo que no evitó que algunas sucursales bancarias, restaurantes de comida rápida, comercios y farmacias fuesen vandalizadas.
También hubo barricadas callejeras con fuego y las paradas de metro aledaños se cerraron. La alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, dijo que "nunca antes" se había visto en la comuna "un nivel de violencia y destrucción" como este.
