El presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, alejó el fantasma del juicio político tras la anulación ayer de un acuerdo energético con Brasil, que fue el detonante de una crisis que le tuvo una semana contra las cuerdas.
Los gobiernos de Paraguay y Brasil dejaron sin efecto el acta bilateral de compra de energía de la represa de Itaipú firmada por ambos países, en una reunión en la Cancillería paraguaya entre el nuevo canciller, Antonio Rivas, y el embajador brasileño, Carlos Simas Magalhaes.
En un discurso televisado a la nación desde el Palacio de Gobierno acompañado de su esposa, Silvana López Moreira, y sus hijos, Abdo Benítez anunció nuevas destituciones en su Gobierno y señaló que no tolerará la corrupción.
El Mandatario, que el 15 de agosto cumplirá un año al frente del Ejecutivo, dijo que ordenó "que aquellos que participaron de un proceso, tal vez sin mala voluntad o sin hacer juicio de valor, sean destituidos de sus cargos y si hay otros que han sido negligentes en su trabajo, que deben actuar con idoneidad y con capacidad, también van a seguir siendo destituidos".
Añadió que no tolerará la corrupción en su Gobierno y reseñó que "caiga quien caiga", su eslogan de Gobierno, se aplicará con más rigor en los cuatro años que tiene por delante su mandato.
