Criticar obras y políticas públicas relacionadas con la cultura siempre estuvo en el radar del presidente brasileño, Jair Bolsonaro.
Durante la campaña, prometía extinguir el Ministerio de Cultura y revisar la Ley Rouanet, que permite captar dinero privado para proyectos culturales a cambio de beneficios fiscales.
Tras ganar las elecciones, subordinó esa cartera al Ministerio de Ciudadanía y después redujo el tope de captación de la Ley Rouanet de 16 millones de dólares a 270 mil Siguiendo con sus planes, Bolsonaro apunta ahora a la Agencia Nacional de Cine (Ancine).
La semana pasada amenazó con extinguirla si el Gobierno no lograba imponer algún “filtro” en las producciones audiovisuales brasileñas.
El presidente también llegó a barajar la posibilidad de que la oficina de la Ancine se mude de Río a Brasilia. Las medidas fueron rechazadas por amplios sectores culturales.
