Como es habitual cada año, pero con más dolor al cumplirse un cuarto de siglo sin justicia, decenas de familiares de víctimas, sobrevivientes y multitud de autoridades del Estado se congregaron en el mismo lugar y a la misma hora donde un coche bomba cambió para siempre la historia de la comunidad judía argentina –la mayor de toda Suramérica– y del país en su conjunto.
"Nos preguntamos cómo es posible que 25 años más tarde no haya un solo responsable preso cumpliendo condena por este delito de lesa humanidad. Nuestra sociedad anhela imperiosamente que se haga justicia", leyó el presidente de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), Ariel Eichbaum, en el emotivo acto celebrado a las puertas de la actual sede de la institución.
Un 18 de julio más, el país recordó lo ocurrido ese día de 1994 en el número 633 de la calle Pasteur de Buenos Aires, siempre con la misma bandera: pedir responsabilidades por ese ataque, que llegó solo dos años después de que otra bomba explotara junto a la Embajada de Israel, también aún impune.
Con el lema "85 vidas arrancadas. 25 años de impunidad", el acto comenzó a las 9:53 hora local –hora exacta del atentado– con un toque de sirenas –replicado este año por bomberos y ambulancias, campanas de iglesias y timbres de espacios públicos en todo el país– que fue seguido por un minuto de silencio.
