El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, cumplió ayer seis meses en el poder con la economía al borde de otra recesión y una compleja relación con el Parlamento, de cuya aprobación dependen sus planes para intentar encarrillar al país. El primer gobernante de ultraderecha que tiene Brasil ha roto con el llamado "presidencialismo de coalición", modelo mediante el cual los gobiernos anteriores distribuían ministerios entre los partidos a cambio de apoyo parlamentario y eso le ha pasado factura.
