La Policía Federal brasileña abrió cuatro investigaciones para esclarecer los hechos relativos a la filtración de unas supuestas conversaciones que ponen en duda la imparcialidad del exjuez y hoy ministro de Justicia, Sergio Moro, en la condena que impuso al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Aunque la apertura de las cuatro investigaciones fue confirmada a EFE por voceros de la Policía Federal, las autoridades se abstuvieron de profundizar en los detalles de los mismos por encontrarse bajo sigilo.
Moro, que fue el juez responsable en primera instancia de la Lava Jato, la mayor operación de combate a la corrupción en la historia de Brasil y de la condena que tiene en prisión al expresidente, es protagonista de un escándalo desde que un portal en internet divulgó el domingo supuestas conversaciones suyas con fiscales que sugieren que actuó sin imparcialidad en el proceso.
Según The Intercept Brasil, el medio que sacó a la luz pública las conversaciones por aplicaciones que Moro tuvo cuando aún era juez, el entonces magistrado sugirió a fiscales de la Lava Jato cambiar el orden de las fases de la operación y otros procedimientos que supuestamente estarían prohibidos por la ley.
La revelación de los mensajes, transmitidos por Telegram y que llegaron a The Intercept gracias a un "hacker" anónimo que intervino los teléfonos de Moro y de algunos fiscales, ha causado revuelo en Brasil y llevado a la defensa de Lula a reiterar que el exmandatario fue víctima de una "persecución política" y que el juicio en su contra estaba "viciado" y debería ser declarado nulo. De acuerdo con las primeras indagaciones, la Policía considera que la invasión de los teléfonos del ministro y de los jueces de la Lava Jato fue planeada y por eso adelanta indagaciones para saber quiénes tuvieron acceso de forma ilegal a las conversaciones y qué métodos utilizaron para hacerlo.
La Policía Federal ha establecido que los hackers no violaron los códigos cifrados de Telegram sino los propios teléfonos móviles de los funcionarios pinchados, como ya lo habían denunciado Moro y los fiscales del caso Lava Jato antes de que el escándalo estallara. El propio Moro reconoció que su teléfono móvil fue invadido cuando recibió una llamada de un número telefónico idéntico al suyo.
