BUCAREST. El Papa Francisco comenzó ayer su visita a Rumanía con varios llamamientos a estrechar lazos y avanzar en la unidad con la Iglesia ortodoxa, ante los retos de un mundo que vive los estragos de una "cultura del odio" y del individualismo.
La visita del pontífice argentino se produce veinte años después de la de Juan Pablo II, en 1999, un encuentro histórico porque fue el primer viaje de un obispo de Roma a este país de Europa del este tras su pasado comunista.
