Los combates entre las milicias aliadas al gobierno impuesto por ONU en Trípoli y las fuerzas leales al mariscal Jalifa Hafter se recrudecieron ayer en el extrarradio de la capital sin que nada pudiera hacer para evitarlo el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.
Guterres viajó ayer a Bengasi para reunirse con el controvertido mariscal, hombre fuerte del país, y convencerle que frenara la ofensiva en Trípoli, que lanzó escasas horas después de que el político luso aterrizara en ella. El máximo representante de Naciones Unidas abandonó el cuartel general de Hafter en Al Rajma sin un acuerdo y con una sensación de impotencia.
"Dejo Libia con el corazón encogido y profundamente preocupado. Creo que aun es posible evitar un derrame de sangre en Trípoli", declaró Guterres en un mensaje a través de su cuenta oficial en Twitter. "Naciones Unidas está comprometida a facilitar una solución política y, ocurra lo que ocurra, está comprometida a ayudar a la población en Libia", agregó.
