El final del "califato" del Estado Islámico (EI) pone fin al reinado de terror de un grupo que se sirvió de un manejo de la propaganda sin precedentes para hacer llegar sus métodos macabros a las pantallas de todo el mundo.
Las ejecuciones de rehenes convertidas en películas gore en alta definición fueron claves para acentuar la sensación de peligro global, pero la gran mayoría de las víctimas del EI se ha concentrado en sus dominios en Oriente Medio. La propaganda siembra el pánico mundial
En el apogeo de su expansión territorial, el 19 de agosto de 2014, el EI exhibe toda su crueldad con un vídeo que muestra la decapitación del periodista estadounidense James Foley.
Sería el primero de una serie de asesinatos de rehenes extranjeros, protagonistas involuntarios de vídeos que han dado la vuelta al mundo y que son reconocibles tanto por recrearse en la violencia como por su impecable producción audiovisual, incomparable a la que habían hecho hasta la fecha otros grupos terroristas.
