Representantes de 197 países apuran los últimos compases de la cumbre del clima (COP24) para tratar de cerrar la letra pequeña del Acuerdo de París, aunque algunas diferencias persisten y ponen en duda la contundencia del texto final.
Con un borrador de 144 páginas sobre la mesa tras 12 días de intensos contactos, los delegados seguían negociando en una última jornada con encuentros a múltiples bandas y reuniones bilaterales, para allanar el camino hacia el acuerdo satisfactorio para todos.
El presidente de la COP24, Michal Kurtyka, aseguró que se están haciendo todos los "esfuerzos" para lograr un acuerdo, un trabajo que calificó de "duro". La ministra española para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, valoró poco antes que el texto vaya a definir con nitidez las reglas del juego necesarias para que el Acuerdo de París entre en vigor, aunque lamentó que algunos aspectos puedan quedar "desdibujados".
"No queda suficientemente claro que de lo que estamos hablando es de poner en marcha un motor para acelerar el proceso de la acción climática", dijo. Pero se logra el objetivo básico de fijar las guías para hacer operativo el Acuerdo de París, el llamado Libro de reglas, añadió.
Consideró que en el texto queda "bastante diluido" que es imprescindible avanzar hacia la plena descarbonización de la economía y que detener el aumento de la temperatura en 1,5 grados centígrados frente a niveles preindustriales "es todavía accesible".
Los principales escollos hacia el acuerdo tienen que ver con el grado de ambición que recoja finalmente el texto, la financiación de los países desarrollados a los menos desarrollados y vulnerables, y el Libro de reglas que, pese a ser común a todos, comprometa a los países en función de sus capacidades y emisiones históricas.
