El cansancio empieza a hacer estragos en la caravana migrante, mucho más fragmentada en su paso por México, donde muchas familias con hijos pequeños se rezagaron a la espera de un vehículo que los transporte gratuitamente.
"Estamos cansados. El niño ya va pidiendo 'ride' (transporte). El marido chineándolo (cargándolo) por ratos y yo también. Sentimos cansancio, mucho mareo y casi desmayos", dijo a EFE Jacqueline, una hondureña que viaja con su esposo y sus cuatros hijos, todos menores de edad, y fruto de una anterior relación. Lucha, como la inmensa mayoría, por conseguir trabajo para "dar una mejor vida" a sus retoños. Salió del país con unos 900 pesos (unos 48 dólares).
Esta caravana formada por unos 7.000 migrantes centroamericanos, en su mayoría hondureños, partió ayer miércoles sobre las 4:00 hora local (9:00 GMT) de Huixtla rumbo a Mapastepec, un trayecto de unos 70 kilómetros.
El plan de ayer miércoles representaba, en distancia, lo mismo que recorrieron entre domingo y lunes 22. El martes 23 descansaron y ayer retomaron el trayecto con la ilusión de llegar a Estados Unidos intacta, pero el cuerpo más magullado.
Lo lograron, pero la caravana ya no era ese río compacto de gente a su entrada a México por Guatemala. Por el contrario, avanzaron en distintos convoyes. Muchos de ellos, ya cansados porque partieron de San Pedro Sula (Honduras) el 13 de octubre, avanzaban despacio o esperaban, cobijados en la sombra de algún árbol, alguien que les transportara. O pedía monedas para pagar el pasaje de algún autobús local.
