El ultraderechista Jair Bolsonaro ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil con el 46.7 % de los votos frente al 28.3 % que consiguió el izquierdista Fernando Haddad. El 28 de octubre se definirá al nuevo presidente de Brasil en una segunda vuelta.
Bolsonaro ha quedado muy cerca de lograr la victoria en primera vuelta con un apoyo que superó en casi diez puntos al que le atribuían las encuestas. Las normas electorales brasileñas establecen que la segunda vuelta es necesaria cuando ningún candidato supera el 50 por ciento de los votos.
Haddad tuvo una campaña contrarreloj, que se le hizo interminable. Tuvo menos de un mes para convencer al electorado de que era el doble del encarcelado expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, el gran favorito. Exministro de Educación (2005-2012) y exalcalde de Sao Panblo (2013-2016), de 55 años de edad, salvó además in extremis a su Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) de una debacle histórica.
En tercer lugar, muy lejos de Haddad, se situó el laborista Ciro Gomes con un 12,52 % de los votos válidos.
CAMPAÑA
Bolsonaro, a menudo apodado el Donald Trump brasileño, impedido de hacer campaña en las calles y obligado a permanecer hospitalizado durante tres semanas por una puñalada que recibió durante un mitin al aire libre en Juiz de Fora, una ciudad en Minas Gerais, el ultraderechista consiguió el triunfo a través de las redes y sin enfrentar a sus contrincantes en la mayoría de los debates.
Y es que el capitán de la reserva del Ejército que se autoproclama "soldado de Brasil" se mueve entre odios y amores por su actitud guerrerista para enfrentar la violencia, su lucha contra la corrupción y por sus manifestaciones machistas, homofóbicas y racistas.
Sus seguidores hacen honor a su segundo nombre y lo consideran una especie de "mesías" dispuesto a enfrentar "de la mano de Dios" la inseguridad y la violencia que azotan al país.
ÚNICO CAMINO
Otros lo ven como el único camino para acabar con la corrupción que llevó a Brasil a una fuerte crisis política, económica y social, en la que se vieron envueltos directamente los ex jefes de Estado del PT Luiz Inácio Lula da Silva, condenado a 12 años por corrupción, y Dilma Rousseff, destituida a mitad de su segundo mandato.
