Con los arreglos florales impecables, las carreteras cercadas y varios secretos bien guardados, Singapur preparaba ayer los escenarios de la histórica cumbre del martes entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, que tiene en vilo a esta ciudad-estado asiática.
"Lo siento, no puede pasar", repetía pacientemente un guardia a cada periodista que se acercaba al hotel Capella, el lujoso complejo que el día 12 acogerá la primera reunión de la historia entre los líderes de Estados Unidos y Corea del Norte.
Al hotel de cinco estrellas, ubicado en la exclusiva isla de Sentosa, solo pueden acceder los huéspedes del establecimiento, cuyas 112 habitaciones -que oscilan entre los 500 y los 10.000 dólares por noche- ya estaban reservadas antes de que la Casa Blanca anunciara el martes 5 la sede del encuentro.
En las inmediaciones del Shangri-La, que acoge anualmente un foro de seguridad y en 2009 hospedó al entonces presidente de EE.UU., Barack Obama, varios carteles advertían de controles de seguridad entre el domingo y el jueves, y un equipo retocaba las columnas de la entrada con pintura fresca.
