La tensión entre EE.UU. y Rusia en torno a Siria siguió aumentando ayer en la ONU, donde las dos potencias intercambiaron acusaciones a la espera de que Washington decida si responde militarmente al supuesto uso de armas químicas.
"La Guerra Fría ha vuelto", lamentó el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, durante una nueva reunión del Consejo de Seguridad en la que, lejos de acercar posturas, las dos partes insistieron una vez más en sus tesis.
Rusia, que convocó la sesión ante las "amenazas" de EE.UU. a Siria, volvió a defender que el supuesto ataque químico del sábado 7 en Duma fue un montaje y que Washington y sus aliados quieren usarlo como pretexto para actuar contra las autoridades de Damasco.
"Parece que Washington ha adoptado una política categórica para desencadenar una situación militar contra Siria. Esto no puede tolerarse", dijo el embajador ruso, Vasili Nebenzia.
Nebenzia dijo que EE.UU., con sus amenazas, está mostrando un comportamiento "no digno" de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
"Rusia puede quejarse todo lo que quiera sobre noticias falsas, pero nadie se cree sus mentiras y sus cortinas de humo", le respondió la representante estadounidense, Nikki Haley.
La embajadora aseguró que su país tiene "prueba" de que el ataque existió y defendió que Rusia es también responsable de él, por no parar los pies al Gobierno de Bachar al Asad, al que Occidente culpa de lo ocurrido en Duma, donde murieron cerca de medio centenar de personas supuestamente por una sustancia tóxica.
Haley dijo que Rusia "no se ha detenido ante nada para defender los múltiples usos de armas químicas del régimen sirio", utilizando repetidamente su poder de veto para evitar medidas del Consejo de Seguridad.
"Se suponía que Rusia debía garantizar que Al Asad no usaba armas químicas y Rusia ha hecho lo contrario", recalcó.
