La presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, y los gobernadores de los bancos centrales de Inglaterra, Mark Carney, y Japón, Haruhiko Kuroda, dibujaron ayer un momento "dulce" para la economía global, aunque alertaron del fracaso en la lucha contra las desigualdades.
Durante la presentación en el Foro Económico Mundial de la localidad suiza de Davos de las perspectivas para la economía global en 2018, Lagarde afirmó que la economía mundial vive un momento "dulce", en gran medida por las políticas monetarias de los bancos centrales.
El resto de participantes en la sesión, los gobernadores de los bancos centrales de Inglaterra y Japón y también la jefa de Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, y la consejera delegada de JP Morgan, Mary Callahan, coincidió en señalar las buenas perspectivas para la economía global en 2018.
En particular, Lagarde y Callahan alabaron el éxito de las medidas de estímulo puestas en marcha por los bancos centrales, que en el caso del Banco Central Europeo (BCE), cuyo presidente, Mario Draghi, no acudió este año a Davos, se van a mantener más allá de septiembre, cuando estaba previsto que concluyeran.
Mary Callahan, con efusividad, agradeció "muy sinceramente los once billones de dólares que han vuelto al sistema" como consecuencia de las políticas monetarias expansivas, que han permitido que inversores "como nosotros, pero en nombre de pequeños accionistas o pensionistas", realicen esas inversiones.
El esfuerzo llevado a cabo por estos organismos se ha notado y se sigue notando, un elemento inédito porque "nunca hasta ahora habían actuado de forma coordinada", según los ponentes.
Alrededor de 120 países del mundo esperan un fuerte crecimiento en 2018, debido a "la recuperación cíclica y a las buenas políticas monetarias y fiscales", indicó Lagarde, quien se refirió también a los riesgos que ponen en peligro la recuperación económica, un hecho en todo el mundo "salvo, quizás, en el África subsahariana".
