El presidente de EE.UU., Donald Trump, rompió ayer el consenso internacional sobre Jerusalén al reconocerla como capital de Israel y ordenar que se traslade allí la embajada estadounidense en el país, una postura que disparó la tensión en la región y comprometió el papel de Washington como mediador de paz.
En un discurso desde la Casa Blanca, Trump convirtió a Estados Unidos en el único país del mundo que reconoce como capital de Israel a Jerusalén, y trató de suavizar el golpe que eso supone para los palestinos al declarar, por primera vez, su apoyo a una solución de dos Estados.
"He determinado que es hora de reconocer oficialmente a Jerusalén como capital de Israel. Otros presidentes prometieron hacerlo en su campaña electoral, pero nunca lo cumplieron. Hoy, yo lo cumplo", afirmó Trump.
"Esto no es nada más ni nada menos que un reconocimiento de la realidad. Es, además, lo correcto, algo que tiene que hacerse", añadió el mandatario.
Trump ordenó al Departamento de Estado que inicie los planes de construcción de una embajada en Jerusalén para trasladar allí la sede diplomática estadounidense en Israel, que ahora está en Tel Aviv; un proceso que, según la Casa Blanca, durará al menos tres o cuatro años.
Israel considera a Jerusalén su capital "eterna e indivisible", pero la comunidad internacional considera la parte oriental territorio ocupado, reclamado por los palestinos como la capital de su futuro Estado independiente.
