Dos vuelos por semana, con entre 300 y 500 kilos de cocaína boliviana en cada uno. Esos son los números que están detrás de la organización liderada por el empresario Gustavo Sancho, de 57 años, detenido el 14 de noviembre por la Unidad de Operaciones Antidrogas de Gendarmería, en el marco de una causa a cargo de la jueza federal de San Isidro Sandra Arroyo Salgado.
El operativo incluyó más de 45 allanamientos y en total se detuvo a 12 ciudadanos argentinos (entre ellos dos hijos y la esposa de Sancho) y uno lituano nacionalizado boliviano.
De acuerdo con la investigación, adelantada en exclusiva por el Clarín, el 15 de noviembre, Sancho, un hombre mencionado como sospechoso en el crimen de Candela Sol Rodríguez de 11 años, asesinada en 2011, había montado una aceitada estructura de tráfico y lavado de activos. Esa organización, llegó a mover en 2014 hasta una tonelada de cocaína por semana a Argentina.
Aunque la causa tardó tres años en tomar impulso porque la banda cambiaba sus celulares permanentemente, ayer las fuentes, con acceso al expediente, sostienen que hay pruebas más que suficientes para acreditar que la organización adquiría grandes cantidades de droga en Bolivia, la llevaba a Perú y luego a Paraguay, donde las cargaba en avionetas propias.
Recién luego de esta compleja triangulación introducía la cocaína por aire en Argentino. “Todo lo triangulaban, hasta las reuniones. Viajaban de un país a otro para despistar. Así fue que tuvimos que pedir la colaboración de Brasil, Paraguay, Perú, Ecuador, Canadá, España y algunos de Africa”, aseguraron fuentes de la investigación, que contó con el apoyo de Ameripol (un cuerpo que nuclea policías de distintos países).
Una vez dentro de Argentina, la droga aterrizaba en los partidos bonaerenses de Dolores y General Belgrano.
Con ayuda de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) la jueza Arroyo Salgado recabó datos de dos avionetas secuestradas en Paraguay. En una de ellas, hallada en una estancia de ese país en 2015, había quedado un GPS con las coordenadas de un campo en General Belgrano. A esos casos paraguayos se sumaron otras aeronaves que, por diversos desperfectos, cayeron en manos policiales en Chaco y en territorio bonaerense. A todas se les atribuye estar al servicio de Sancho.
